Tengo un grave problema con mi pelo: no sé qué hacer con él. Hace bastante decidí que me iba a cortar el flequillo y ese mismo día quedé con mi hermana para comer y descubrí que a ella se le había ocurrido esa misma idea ese mismo día y, lo peor, que ya la había ejecutado. Así que para no parecer dos tontas del bote (porque tenemos un aire aunque seamos muy diferentes – esto es muy de nuestra familia, que se note que las hermanas son hermanas pero cada una con su único y personal estilo -) decidí no cortármelo. En su lugar me corté lo que mi súperpeluquera llamó una visera, que consiste en una especie de flequillo de lado bastante largo que te tapa media frente en plan cortina. La verdad es que me quedaba muy mono. O así me vi yo unos meses. Pero enseguida me cansé y pensé que me quedaba fatal así que renuncié a la visera y dejé mi corte de pelo en stand-by esperando que a mi hermana se le pasara pronto el pronto del flequillo. Pero, para mi pesar, no se le ha pasado y yo sigo con el pelo sin definir, sin cortar, cada vez más absurdamente largo y por tanto casi siempre recogido en una coleta o al tuntún. Y es que no se me ocurre nada más que hacerme que el flequillo. Así que me quedan muy pocas opciones:
1- Asesinar a mi hermana
2- Dejar que el pelo siga creciendo hasta que por detrás y sin mirarme las piernas ni el culo los paparazzi me confundan con la Pantoja.
3- Cortármelo sin pasión.
Y, la verdad, aunque la número 3 parezca la mejor opción, yo llevo fatal lo de hacer las cosas sin pasión. Es que es muy triste hacer algo sin que te convenza. Yo siempre hago todo con intensidad. Desde vestirme por las mañanas – siempre salgo convencida de que llevo el mejor atuendo que podría llevar ese día – hasta leerme un libro – si no me apasiona, acabo pasando, por mucho que me moleste dejarlo a la mitad-).
¿Alguna idea? Si no encuentro alguna solución pronto acabaré ingresando en el libro Guiness de los récords, por supuesto, contra mi voluntad.