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10.7.08

Paranoias


Tengo una paranoia muy absurda desde que veo CSI. Cada vez que me peino con los dedos por la calle y se me cae algún pelo al suelo no puedo evitar pensar que mi carga genética está por ahí libre y suelta y que cualquier desgraciado puede recogerla y dejarla junto a un cadáver. ¿Soy la única que tiene este tipo de paranoias estúpidas? Por favor, decidme que no…

6.6.08

Maleta va, maleta viene



Tengo mucho trabajo. Tengo mucha alergia. En principio a partir del domingo seré más persona. Mañana me toca hacer maleta. Lo odio. O pienso todos los conjuntos por adelantado - lo cual me da una pereza terrible - o luego cuando llego a mi destino y empiezo a vestirme, al tercer día no cuadra nada con nada. Si me pasara como a un amigo que no sabía que los colores se combinaban, sería mucho más fácil.

13.1.08

My hair

Tengo un grave problema con mi pelo: no sé qué hacer con él. Hace bastante decidí que me iba a cortar el flequillo y ese mismo día quedé con mi hermana para comer y descubrí que a ella se le había ocurrido esa misma idea ese mismo día y, lo peor, que ya la había ejecutado. Así que para no parecer dos tontas del bote (porque tenemos un aire aunque seamos muy diferentes – esto es muy de nuestra familia, que se note que las hermanas son hermanas pero cada una con su único y personal estilo -) decidí no cortármelo. En su lugar me corté lo que mi súperpeluquera llamó una visera, que consiste en una especie de flequillo de lado bastante largo que te tapa media frente en plan cortina. La verdad es que me quedaba muy mono. O así me vi yo unos meses. Pero enseguida me cansé y pensé que me quedaba fatal así que renuncié a la visera y dejé mi corte de pelo en stand-by esperando que a mi hermana se le pasara pronto el pronto del flequillo. Pero, para mi pesar, no se le ha pasado y yo sigo con el pelo sin definir, sin cortar, cada vez más absurdamente largo y por tanto casi siempre recogido en una coleta o al tuntún. Y es que no se me ocurre nada más que hacerme que el flequillo. Así que me quedan muy pocas opciones:

1- Asesinar a mi hermana
2- Dejar que el pelo siga creciendo hasta que por detrás y sin mirarme las piernas ni el culo los paparazzi me confundan con la Pantoja.
3- Cortármelo sin pasión.

Y, la verdad, aunque la número 3 parezca la mejor opción, yo llevo fatal lo de hacer las cosas sin pasión. Es que es muy triste hacer algo sin que te convenza. Yo siempre hago todo con intensidad. Desde vestirme por las mañanas – siempre salgo convencida de que llevo el mejor atuendo que podría llevar ese día – hasta leerme un libro – si no me apasiona, acabo pasando, por mucho que me moleste dejarlo a la mitad-).

¿Alguna idea? Si no encuentro alguna solución pronto
acabaré ingresando en el libro Guiness de los récords, por supuesto, contra mi voluntad.

28.5.07

Una chorrada


Mi amigo guapo STG recibe un encargo: escribir una biografía. ¿Alguien escribirá mi biografía cuando yo muera? No es que mi vida sea especialmente diferente. Ni he descubierto la cura contra algo, ni soy un genio de las matemáticas, ni me lancé en picado contra un kamikaze en la segunda guerra Mundial, ni escribí – ni escribiré - una novela genial ni he hecho nada todavía que merezca una biografía. ¿Pero haré algo algún día que sea genial? Porque si lo hago es importante que empiece a anotar mis más oscuros secretos y mis más retorcidos pensamientos, no vaya a ser que parezca una persona que no soy sobre el papel. Porque aunque un biógrafo supongo que siempre rebusca y rebusca para intentar alcanzar ciertos visos de realidad, siempre hay cosas que quedarán en el tintero, detalles importantes que a lo mejor las pocas personas que conocían esa tontería del biografiado no considerarán importante y por tanto no contarán en ninguna conversación (si sobreviven a éste) al biógrafo.

Por ejemplo, una biografía sobre mí no tendría sentido sin la última tontería que se me ha ocurrido: el carnet por puntos de vestir. ¿Por qué hemos de sufrir los inocentes los crímenes visuales de los horripilantemente vestidos? Si el Estado considera que no podemos ver la campaña de Dolce & Gabbana no vaya a ser que alguno por ahí se inspire y le haga lo que le tiene que hacer como se lo tiene que hacer a sus parejas/mujeres, ¿por qué no iba a considerar la posibilidad de establecer un carnet por puntos para ahorrarme a mí y a treinta y nueve millones de españoles los horribles estilismos de los profanadores visuales? Dado que poner un carnet por puntos de vestir recortaría las libertades y derechos de las personas, habría que aplicarlo sólo en casos extremos de obvio y tangible daño al orden y tranquilidad pública. Sólo aquellos y aquellas que vayan provocando casi-vómitos por la calle y miradas de terror tendrán que ser amonestados con privaciones de puntos que si se agotaran obligaría a llevar un uniforme de pantalón, camiseta y jersey básicos, bien en blanco, en marino, gris o negro al delincuente visual. También podríamos añadir el carnet por puntos de oler.

Regla 1: Aquél que huela mal será obligado por un agente a ducharse y lavarse por las mañanas, así como a echarse un desodorante o antitranspirante adecuado a su capacidad olorífica.

Regla 2: Todo aquél que se eche demasiada colonia será obligado a lavarse en la fuente más cercana con jabón lagarto.

El autobús y el metro serían un lugar mejor.

P.D. MUY IMPORTANTE: Obviamente, el carnet por puntos de vestir y el de oler son una estupidez, atentan contra los derechos fundamentales y nunca estaría de acuerdo en que se impusieran. Pero no por eso dejan de ser graciosos.

14.5.07

Intentando racionalizar


Ayer no me quedó más remedio que escuchar por la radio la segunda parte del partido del Barça contra el Betis. No me gusta nada el fútbol y paso del tema de los equipos. Si acaso, que ganen los de Madrid por aquello de ir con lo más cerca tengo. Pero en el tema del Barça ando simplificando y deseo con demasiadas ganas que no ganen la liga, que no ganen la Eurocopa (o lo que estén jugando que no tengo ni idea) y muy en el fondo de mi alma no puedo dejar de pensar que mis grandes amigos que van con ese equipo traicionan la unidad de España. De verdad que no soy el alter-ego de Aznar, que soy muy normal y que, sobre todo, abogo por la libertad y porque los tocapelotas de los políticos dejen de recortarnos los derechos y de censurar todo lo que a ellos no les gusta. Sé que el tema del Estatuto de Cataluña me afectó demasiado, que desde entonces no he vuelto a ser la misma, que debería empezar a superarlo desde ya y que tampoco pasa nada porque nuestra joven Constitución esté siendo un fracaso absoluto. Pero claro, el intentar racionalizar no ahoga sin más los deseos más impuros de una así que dentro de lo que cabe, escuchar ese partido no era la peor tortura que me podían aplicar ayer. Y, aunque no me imaginaba que podía ocurrir, me reí. No puedo entender por qué gritan tanto cuando narran las cosas. Sé que un gol es importante pero más importante es que Sarkozy ganara las elecciones francesas y los prudentes y profesionales presentadores de los Telediarios no nos lo narraban como si el mundo se hubiera vuelto sordo de repente. Ojalá todos los comentaristas deportivos se quedaran afónicos. El mundo sería más feliz, estoy segura. También es curioso que cuando no pasa nada medianamente interesante (la mayoría del partido, por cierto) montan ahí una charleta en un momentito varios personajes y cuentan lo primero que se les pasa por la cabeza. Ayer Bibi Andersen, a la que adoro, comentó lo poco que cree en el amor eterno ya. Ella cree en el amor, pero lo de eterno cree que es demasiado largo. Pero claro, entre tanto grito y tanta charleta es difícil saber quién va ganando. A lo mejor es que yo soy una simple principiante y me distraía demasiado con los arbolitos que iba viendo pasar pero lo cierto es que cuando estaba convencida de que iban 2-0 y de que estaba prácticamente todo perdido, resulta que metió un gol el Betis e iban 1-1. También curioso la incorrección con la que los comentaristas utilizaban la expresión “a la sazón”. ¿Será defecto profesional o sólo un deje de Onda Cero?