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23.7.08

Saturday night fever


El sábado por la noche me topé con una de esas tipas agresivas que quieren todo el espacio para ellas, mal vestidas, con unas mechas terribles y mal puestas y una flor en el pelo intentando emular a Carrie Bradshaw.

Su novio me pidió amablemente que me corriera un poco con mi taburete hacia el otro lado de la barra para que él y su acompañante pudieran estar más holgados. Me corrí. A los cinco minutos la tipa con bastante chulería y cara de asco - ¿por qué será que la gente que va de chula no tiene nada de qué chulear? – me pide que me corra. Le respondo que ya me he corrido antes y que no puedo volver a correrme porque ya no tengo sitio y empieza a gritarme que soy una amargada, una borde, que de qué voy, etc. A mí me entran ganas de arrancarle las mechas y la flor y decirle todo lo que pienso de ella – así, tal cual y sin rodeos – pero hago un ejercicio de autocontrol y le respondo – eso sí, un poco borde – que ya me he corrido la primera vez y que ya le gustaría a ella ser TAN amargada como yo. Claro que como era un poco cortita supongo que no entendió la ironía.

Obviamente ella, tan mona y tan educada, no quiso dejarlo ahí y con su gran culo empezó a invadir mi taburete. Yo no daba crédito. Menos mal que mi culo tiene dimensiones reducidas porque en otro caso no habría sido capaz de mantener el equilibrio ante semejante invasión de las tropas enemigas. Yo no sabía si decirle algo o si empezar una pelea cuerpo a cuerpo. Algo tenía que hacer. Medité sobre mis armas dialécticas y físicas y dado el básico repertorio de ideas y la forma tan primitiva de expresarlas de mi oponente, pasé directamente al plano físico. Sí, soy una cobarde, lo reconozco, no fui capaz de decirle lo que se merecía. Y eso sí que habría sido contundente. En vez de eso me comporté como una nena y simplemente hice mis dos maniobras fundamentales de defensa de territorio:

1.- Encender un cigarro, subir el antebrazo y colocarlo la mano con el cigarro hacia atrás a la altura del hombro. Quien nos esté “incomodando” tendrá que quemarse antes de llegar a su objetivo. ¿De verdad te compensa ser una maleducada? No, ¿verdad?

2.- Colocar el codo a la altura de nuestra cintura, firme cual poste de teléfono. ¿Qué pasa? ¿Qué ahora que al empujarme te clavas mi codo en las costillas ya no te gusta igual? Mira que eres rara…

Lo siento, mujer de la flor, no tenía otra opción, tenía que resistirme. No podía dejar que pensases que se puede ir por ahí gritando y empujando a la gente para salirte con la tuya. No , no y no – esta frase se la copio a
La Divina, que me encanta – y sobre todo, please, don't shout (por favor, no grites).

18.7.08

Black Bags


No sé qué me pasa con los bolsos negros pero me compro uno cada dos por tres y o me canso de ellos o se me estropician enseguida. El último en estropiciarse fue uno de Mango. Mira que prometía. Pero no pudo cumplir. A los dos meses asomó el cartón piedra tras la apariencia de cuero y mostró al mundo que por dentro era blanco como la luna y que se negaba a volver a esconder su secreto, ni siquiera con un edding permanente.

Yo, resignada, volví a coger los de siempre que son los únicos que sobreviven y que me aburren tanto como Zapatero y sus sonrisas de aquínopasanada aunque no tanto como el deaquínomepiro de Rajoy.

Con ganas y un plan de contención rebajil me adentro en los oscuros mundos de las rebajas de Inditex en busca del bolso negro perfecto y evitando Mango a propósito, que todavía tengo guardado el bolso de cartónpiedra de la rabia que me da tirarlo. Tras varias vueltas y pensando ya en abandonar mi misión me recuerdan que
Uterque abría hoy y decido pasar a ver qué tal. La tienda me recuerda mucho a Bimba y Lola. No parece Inditex. Los precios de los bolsos algo subidos en la línea de los últimos bolsos caros de Zara. Los zapatos están mejor de precio y hay algunos chulos muy monos. Me enamoro de un bolso negro pero sólo platónicamente que he decidido comprarme un bolso en rebajas y que me cueste poco, no uno muy caro para ser de Inditex y encima de temporada. Entro por segunda vez en dos días en un Zara y decido concentrar todos mis esfuerzos en los estantes que guardan los bolsos. “No es posible que no encuentro un bolso de rebajas decente en Zara. Juro ante Dios que no me voy de aquí sin uno!”. Con este espíritu me recorro la tienda entera y voy cogiendo bolsos de aquí y de allá mirando y remirando hasta que por fin encuentro EL BOLSO. Sí lo he encontrado. No me lo creo ni yo. Es maravilloso, es negro, tiene una piel fabulosa y es ideal. Costaba 99 Euros y ahora cuesta 39,90. Lo habría besado si me hubiera atrevido. Decido aprovechar que estoy por allí y me doy una vuelta por Trafaluc. La verdad es que cada vez que me paso me siento más fuera de onda. Yo voy creciendo y las niñas de quince años lo tienen que notar. ¿Pensarán que me he perdido? A mí me gusta Trafaluc porque de vez en cuando tiene cosas muy chulas que luego no vuelves a ver por ahí. Las niñas que se compran el mismo vestidito que yo se lo pondrán para salir de marcha por cualquier zona rara que yo no pisaría ni harta de ron. Lo que más me ha alucinado es que me han gustado muchísimas cosas. ¿Me estoy transmutando en una señoraconínfulasdeadolescente? ¿O está cambiando Trafaluc? ¿O son las adolescentes las que están cambiando? Miedo me da la respuesta. Entre las cosas que me han gustado, finalmente elijo sólo – que la economía está fatal, siempre según Solbes – una camisa de cuadros absolutamente genial. Llevo meses soñando con esa camisa. Cuando me pongo en la cola, empiezo a deliberar sobre mis compras. Me acuerdo de los consejos de Miss B para comprar en las rebajas, en la lista, en que no necesito la camisa de cuadros, en que la economía está fatal y la crisis es tremenda, en que no hay nadie en Zara y eso es muy mal síntoma y no puedo evitarlo, como no soy capaz de decidirme, decido que si alguien se pone detrás de mí en la cola me la compro, si cuando vaya a pagar no hay nadie esperando su turno detrás de mí, la dejo. ¿Qué ha pasado? Pues no me he podido comprar la camisa. ¿Cuánto voy a tardar en volver a buscarla? ¿Apuestas?

16.7.08

Holidaying


Necesito mis vacaciones. Desesperadamente. Más que nunca. Cada año es peor. Ya sé que me van a saber a poco las tres semanas que tengo. Necesito mojitos, playa, mojitos, playa, chiringuito, mojitos, mojitos, playa, mojitos. Mojitos. Creo que tengo claras mis prioridades. Otros prefieren irse a la Conchinchina. También están los que les gusta más ir a Benidorm. Afortunadamente, no todos queremos lo mismo. Si no, no cabríamos allá donde fuéramos. Lo que si queremos todos es irnos ya. Las vacaciones, las ganas que tenemos de que lleguen, donde vamos y cuando volveremos son los únicos temas de conversación que tengo ahora mismo con mis compañeros de trabajo. Todas las mañanas coincido con la misma en el café: "Qué horror, ¿eh? Hay que ver lo que me ha costado hoy..." - "Pues anda que a mí... no puedo más. Necesito irme ya. ¡Puf! no creo que llegue hasta el último día".

Las sábanas se me pegan por las mañanas como si ellas fueran la parte peluda del velcro y yo la de los pinchitos. Sí, pinchitos, porque pincho, pincho, pincho mucho. Necesito aire y dormir. Cuando me estoy duchando las sábanas me siguen llamando: "Moi, ¿dónde estás? ¿Por qué te has ido? Te estamos esperandoooooooooooo. Mira qué blanquitas estamos... muy acogedoras... ya sabes, cien por cien algodón...". Qué mal lo he pasado esta mañana. A punto he estado de volverme a tirar en la cama y llamar a la oficina diciendo que una mosca tse-tse me había inoculado una dosis casi-mortal de somnífero veneno.

9.7.08

No era necesario


¿Puede que haya algo que me moleste más y que me resulte aún más repulsivo si cabe que el olor de la comida de mis compañeros a los cuales sus mujeres envenenan? Sí, EL OLOR DE LOS AMBIENTADORES. No puedo soportarlo. Ni en una casa limpia ni en una sucia. Los perfumes son para las personas y no para las casas. Las casas deben oler a limpio y punto. E intentar disfrazar un mal olor con uno de esos sprays es una idea muy mala. Por muchas propiedades anula-mal-olores que nos venda la publicidad, es imposible anular un olor. Por lo menos por ahora. Lo único que se consigue es sobreponer un olor terrible y penetrante al otro desagradable de antes creando un ambiente digno del mismísimo infierno.

Pero lo mejor de todo, lo más divertido y lo más impresionante es que haya una persona que vaya echando la mierda del spray ese por TODO el pasillo – y mira que es largo - para atufarnos bien a todos sin preguntar antes. Que empape su despacho si quiere con la mierda esa pero que mi parte del pasillo la deje en paz. ¿No creéis?


(Nota: El título del post va por Di, maravillosa, divertida y estupenda)

8.7.08

La amistad femenina


Ese gran tópico. No he encontrado todavía ningún hombre que crea en la amistad femenina. Todos despotrican contra nosotras y dicen que no existe y que somos todas unas harpías y que no confiamos ninguna en ninguna y que todas nos utilizamos y demás tonterías.

Afortunadamente sí existe. Tengo la inmensa suerte de tener amigas geniales, unas más cercanas y otras más lejanas, pero todas geniales. Claro que no es oro todo lo que reluce. Para tener esas amigas también me he tenido que topar con alguna que otra indeseable. Y con otras simplemente planas. Menos mal que tengo buen gusto eligiendo amigas - ellas también saben quedarse con lo mejor – y da bastante igual haber tenido que encontrarme con brujas pirujas por el camino. En el momento duele pero luego se pasa rápido. ¿Por qué molestarse por un yogur caducado si tienes caviar en la nevera?

Pues eso tengo yo. Sin ellas mi vida no podría ser igual. Con ellas lo comparto todo. Antes o después hablo de todo con ellas. Me entienden, me escuchan, me quieren. Las escucho, las entiendo, las quiero. Alguna vez las odio un poco e incluso nos hemos llegado a gritar y a decir cosas feas. Así son todas las relaciones. Muchas veces estás de acuerdo pero otras no. Otras para nada. Lo que nunca cambia es que nos escuchamos siempre. Intentamos entendernos aunque no parezca que lo vayamos a conseguir. Porque las personas que mejor te conocen y más te quieren a veces saben sobre ti más que tú mismo. Y al final siempre vuelven las risas, las complicidades y las grandes conversaciones. Porque con ellas no me canso de hablar. Me podría pasar horas parloteando sobre los tonos azules del cielo y sobre los matices de tal cosa o la otra.

Ellas son una parte fundamental de mi vida y me alegro tanto de que estemos juntas en esto que no podría llegar a explicar nunca lo que siento por ellas sin parecer bollera. Las adoro, las quiero, las necesito.

20.5.08

Un mal día lo tiene cualquiera

Hoy no es uno de esos buenos días. Atasco en el túnel – que no pánico -. Después casi cuarenta minutos para aparcar. Yo no entendía nada. “¿La masa está siendo controlada por alguna máquina infernal made in usa y enviada a consumir al barrio de Salamanca con algún propósito oscuro tipo resucitar la economía?” me preguntaba yo mientras iba escuchando a Herrera en el coche. Como casi siempre, la explicación más sencilla es la correcta y finalmente me entero de ella: están en huelga los ponemultas de la hora y la masa española, como siempre feliz con lo que parece más barato, se va encantada a trabajar o a hacer lo que tenga que hacer con su cochecito. Y digo parece más barato porque lo que se gastan en la gasolina del atasco y en la gasolina intentando aparcar más lo que vale su tiempo seguro que al final cuesta lo mismo que lo que se hubieran gastado en el parquímetro.

Mientras, personitas de la masa llaman al programa de Herrera y dicen que como Telma Ortiz es la hermana de la Princesa de Asturias se tendrá que aguantar y soportar que la sigan, la fotografíen y la publiquen por ahí y por allí. Claro, ya se sabe que todas las hermanas y hermanos de los personajes públicos son también personajes públicos. A la juez esa de Toledo habría que colgarla. ¿De verdad podemos permitir que los medios decidan quién es y quién no es personaje público? Porque la pobre Telma es personaje público porque lo han decidido los medios y la sociedad. A ningún hermano o hermana de princesa-consorte se le dado semejante trato sin haber ellos vendido su alma al mundo rosa, cosa que Telma todavía no ha hecho.

Luego llego a la oficina y cuando me echo la leche del café en la taza no es que se me haya salido, es que ha caído más leche fuera que dentro. Odio que me pasen cosas así en días que no han comenzado bien. Constatan que el día va a ser asqueroso. Lo peor, me temo que está por llegar. Me da en la nariz que algo absurdo va a ocurrir hoy.

Menos mal que después de la tormenta llega la calma y que el día después de un día absurdo suele ser bueno. Por favor, que llegue mañana ya.

9.5.08

Loosing your religion


A los niños en clase de religión y en misa les dicen que todos somos hijos de dios.

Una niña piensa: “si todos somos hijos de dios, todos somos hermanos, ¿no?” y así se lo comunica a su prima. “oye, ¿sabes que tú y yo en realidad somos hermanas porque todos somos hijos de dios?”

Los adultos que oyen la conversación se mueren de la risa. La niña no entiende por qué se ríen. Es una deducción lógica, ¿no? ¿Dónde está el error? No son capaces de explicarle a la niña por qué se ríen y las respuestas de ella logran que se rían aún con más fuerza.


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A los niños en clase de religión y en misa también les dicen que hay que amar a dios sobre todas las cosas.

A una niña le preguntan: “¿A quién quieres más: a tu padre o a tu madre?” – por cierto, qué estupidez de pregunta, ¿por qué la gente preguntaba esas cosas tan absurdas a los niños? -.

Ella responde siendo consecuente con lo que la están enseñando: “A dios”

Caras de estupefacción, la madre habla con la monja, la monja le explica a la niña que a su madre y a su padre les tiene que querer por encima de todo, por encima incluso de Dios, violando por tanto el primer mandamiento.


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Una niña de diez años ve la película El Exorcista. Se muere de miedo y le pregunta al cura que le da clase de religión si eso puede pasar en la realidad.

El cura responde: “Sí, claro”

La niña flipa. Está muerta de miedo: “Pero a las personas buenas eso no les pasa, ¿no?”

Él responde: “Sí. Hay veces que tiene que ocurrirle eso a alguna persona buena para que personas de su alrededor, que sí son malas, aprendan.”

6.5.08

Water


Hay momentos en que me siento imbécil. Como hoy cuando en Zara Home me ha caído una gotita en el pie. Y compruebo mentalmente que no ha podido ser de mi lata de coca-cola porque la estoy sujetando con la mano derecha y la gota me ha caído en el pie izquierdo. Entonces miro para arriba y veo los conductos de aire acondicionado. Pienso si avisar o no a la dependienta y llego a la conclusión, dado que no hay charco, que ha sido una gotita sola y suelta la que se ha caído. Sigo a mi rollo. De repente la lluvia en mi pie. Aturdida miro mi bolso, de donde parece proceder semejante tormenta. Pues sí. No es que lo parezca, es que la lluvia procede de ahí, de mi bolso. Se está calando todo, mi pie, el suelo. Flipando en colores y en estado de shock, abro el bolso para comprobar que ahora es una piscina. La botella de agua que casi nunca llevo resulta que la he metido abierta y casi llena. Flotan diversos papeles, paquetes de kleenex, la cartera sobresale como un iceberg, las llaves están en el fondo del mar. Necesito un baño para deshacer la marejada y la dependienta, después de explicarle la situación, me indica dónde está. Voy corriendo y saco todos los objetos que llevo y los deposito en un lavabo. En el otro vacío el bolso-cisterna. Cuando veo el mando del garaje, me pregunto a mí misma si logrará sobrevivir a este intento de ahogamiento. Dos veces ha sido ya despeñado y ha logrado recuperarse. Pero de esta no creo que salga. Lo que más me molesta de esto es la pérdida de dinero: 1,5 Euros de la botella de agua + 45 Euros del mando = casi cincuenta SúperEuros que me duelen como nada más ya que lo podría haber evitado si no fuera tan lerda como para meter la botella abierta en el bolso.

29.4.08

Dies Lunae Horribilis



Lo he debido decir ya mil veces. Los lunes no me gustan. Como a la inmensa mayoría de los españoles detesto dejar atrás el fin de semana. Pero hay lunes y lunes. La mayoría de los lunes pasan sin pena ni gloria por mi vida. No los disfruto pero tampoco lo paso demasiado mal. Pero, ay dios mío, ayer fue tremendus. Para empezar tenía un montón de curro y un montón de lío con un montón de números – o más bien, numerajos-. Y en medio del caos papelero me doy cuenta de que a mi tripa le pasaba algo. Sólo hay dos posibilidades. La del embarazo la primera. La medito, me atraganto, me vuelvo a atragantar y tras convencerme a mí misma de que es imposible, paso a la segunda opción: lo de que puedo comer lo que quiera y no engordar ni un gramo se acabó. Miro la tripa de reojo, para que no se den cuenta de que la estoy mirando, la analizo, me pongo recta, decrece, me relajo, crece, la pongo dura, me cago en todo, pienso en los dos donuts de chocolate que me he tomado para desayunar, en los cuatro de ayer. La verdad es que últimamente estoy comiendo mucho. Parece que mi apetito se sacia más difícilmente que antes. Será que el cuerpo se tiene que regular otra vez. Será que mi metabolismo ha cambiado. Da igual. El caso es que yo no puedo vivir con esta tripita. Tengo que hacer algo. De momento me paso el camino de vuelta a casa poniendo la tripa dura para ir ejercitando. Espero que los del coche de al lado no me lo noten en la cara. Cuando saco al perro, ando un rato de puntillas, haciendo glúteos y tripa. Me prometo a mí misma que antes de dormir me haré unos pocos abdominales. Por supuesto esa parte se me olvida. Por la mañana, cuando voy al supermercado a comprar algo para desayunar porque mi despensa no tiene nada que ofrecerme, cojo unos plátanos, miro los donuts. Los cojo o no los cojo. Los cojo. Lo pienso. Los dejo. Me voy sólo con los plátanos. Me como uno al llegar al trabajo, otro a media mañana, otro a las dos. Necesito comer. Si es que lo que no es normal es que mi hora de comida sea tan tardía. Esto de comer pasadas las tres es una tortura china. Voy a ir a hablar con Comisiones Obreras. Vaya lunes el de ayer. Pero el martes mucho peor. Porque además de seguir poniendo la tripa dura cada vez que me acuerdo, tengo que arreglar los números que ayer se nos escaparon. “¡Volved, volved, malditos!”.

14.4.08

Pasos de cebra


Foto: Por y para Miss B.
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¿Cuál es vuestra actitud ante los pasos de cebra sin semáforo? Yo, si viene un coche, por muy rápido que venga, si veo que le da tiempo a frenar, cruzo. Tengo derecho a cruzar y él debe frenar, ya que el código de circulación lo dice así. Me pone de mal humor la gente que no tiene intención de frenar, que por aquí por Madrid son casi todos, ya que aparte de violar el código, me parece de una fatal educación. MyMan me dice que deje de tirarme delante de los coches que un día de estos me van a atropellar. Él siempre intenta agarrarme y siempre que cruzamos juntos un paso de cebra sin semáforo pasa lo mismo. Yo me lanzo a la aventura y él me regaña. Pero es que si pretendes que te dejen pasar o que no venga nadie, puedes sentarte en la acera a esperar. Así que cuando MyMan me obliga a esperar cada vez que pasa uno sin frenar me cago en los muertos de los padres del que conduce que no le enseñaron educación cuando era pequeñito.

Por supuesto, cuando voy al volante, intento frenar siempre. Si no freno es porque:

1.- Iba tan volada pensando en cualquier tontería que no he visto que había alguien esperando. Reconozco que alguna vez me ha pasado. Teniendo en cuenta que no reconozco a mi propio padre cuando me lo encuentro por ahí, no extraña lo primero. La última vez que vine de Milán, coincidí con SúperDeivid, uno de mis mejores amigos, en el avión. Esperando a las maletas, mientras le miraba, pensaba: “ese tiene un aire a SúperDeivid…”. Cuando me encontré con su SúperNovio a la salida y me cuenta que está esperando a SúperDeivid que viene de Milán, flipé conmigo misma. Pero bueno, por lo menos yo medité que me sonaba. Él ni me miró.

2.- Volviendo al tema, el segundo motivo por el que puede que alguna vez no haya parado en un paso de cebra sin semáforo es que iba deprisa con prisa y no me daba tiempo a frenar. Tampoco queremos que el de detrás se empotre contra mí y que mis cervicales se descoyunten.

9.4.08

El cartero siempre llama dos veces


Tengo que reconocer que cuando me pongo cerril puedo ser muy cerril. Si he tomado una decisión, es muy difícil que cambie de opinión. Claro que hay gente que me lo pone muy difícil. Hoy me he topado con uno de esos perturbados que acaban con mi paciencia y me ha hecho hacer lo que nunca hago: abrir la puerta de la oficina después de las 19:00. A esa hora se acaba el horario laboral en mi empresa y la mayoría de mis compañeros salen corriendo como si su asiento estuviera ardiendo. Da igual lo que estuvieran haciendo que siempre tiene que esperar al día siguiente. Yo normalmente me quedo hasta que acabe lo que estoy haciendo (diez, quince minutos) y cuando tengo mucho curro, más. A veces, mucho más. Dado que siempre me quedo para acabar algo y no para mirar a las musarañas y dado que mi trabajo no es abrir la puerta, cuando suena el timbre después de la estampida de búfalos nunca abro. Siempre es un cartero despistado que no sabe que cerramos a las 19 con algo de correo certificado y me tengo que poner a firmarle y a rellenarle cien casillas con mis datos. Y si no es un cartero es alguien que necesita la atención de alguno de mis compañeros, cosa que yo no le puedo proporcionar. Normalmente llaman dos o tres veces y se acaban yendo. Pero hoy, no. Y encima cambiaron el timbre de la puerta hace unos meses y suena como el timbre de los aeropuertos: Din-Don.

Hoy a las 19:08 en mi oficina:

Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don
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Diez segundos más tarde, Din-Don

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Diez segundos más tarde, Din-Don
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35 segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr (éste es el timbre de la calle)

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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Diez segundos más tarde, Prrrrrrrrrrrrrrrrrr

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45 segundos más tarde:

Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don
Din-Don

Obviamente, todo tiene su límite y mi umbral del Din-Don lo había superado hacía varios Din-Dones. Me levanto, preocupada y preguntándome quién sería el perturbado capaz de ser TAN pesado, decido no abrir por si fuera un loco de la colina y detrás de la puerta, como las ancianas desconfiadas, digo:

“Hola… ¿quién es?”

“Vengo a recoger un paquete”

En este momento flipo. Viene a recoger un paquete. Si abro la puerta soy capaz de degollarlo. Contengo mi ira y respondo:

“Es que todo el mundo se va a las siete. No queda nadie.”

“Ya, pero yo vengo a recoger un paquete que me tiene que dar la Srta. Fulanita Detal.”

“Pues es que Fulanita Detal, como todo el resto, ya se ha ido.”

“Oiga que no ha sido mi culpa…”

Sigo flipando. ¿Le ha acusado yo de algo? ¿Me importa a mí lo más mínimo de quién sea la culpa?

“Pues tampoco es mía. Ya le he dicho que aquí no hay nadie.”

“Es que tengo que recoger un paquete de Fulanita Detal para Benganita Detalcual”

¿Pero este tío es imbécil? No puedo parar de hacerme esa pregunta en mi cabeza.

“Es que, como ya le he comentado, Fulanita no está.”

“Oye que a mí me haces un favor si no me lo das…”

¿?????? Pues vete, tronco. ¿Qué te retiene aquí insistiendo en tu tema mientras yo insisto en el mío?

“No te puedo dar nada. A mí Fulanita no me ha dicho nada y yo sin autorización no puedo entregar nada”.

Parece que a la quinta va la vencida. Juro que no exagero ni un pelo.

4.4.08

Las medias


Según mi amigo Mickey, las medias son un objeto de NO-deseo. Dice que es lo más antierótico que hay. Yo no las veo tan terribles pero sí que es verdad que son mucho mejores las medias-medias, esas que llegan a mitad de muslo y gracias a la tecnología se sostienen solas con silicona. Además, son mucho más cómodas que las otras ya que no se bajan ni se descolocan y no hace falta tocarlas para ir al baño o para hacer lo que queramos hacer. Y esas sí les gustan a los tíos. A todos los tíos. Y da igual que sean lisas que con dibujito de rejilla o transparentes o estén puestas del revés. Lo mejor es cuando después de un tiempo una media – esto ocurre en una de cada cincuenta, pero ocurre – decide tener vida propia y abandonar su sitio en medio de la calle mientras vas andando rápido hacia cualquier sitio. Creo que, afortunadamente, nunca nadie me ha visto agachándome, coger la media y sujetarla como buenamente he podido hasta llegar a un sitio seguro donde deshacerme del peligro.

Caso aparte es el de los leotardos. Ayer, así, sin mediar explicación, me suelta Mickey mirando a mis leotardos grises: “¿Puedes darme un trocito de eso que llevas puesto para hacerme una fundita para mi cola?” ¿???

Que por cierto casi muero asfixiada ayer por ellos con este sol indecente para estas alturas del año. Hoy, intentando remediar el sofoco de ayer, me he puesto vaqueros, calcetines y bailarinas. No ha servido de nada. Demasiado calor todavía. Tenía que haber venido con sandalias. Pero con este tiempo tan traicionero del que es imposible fiarse, a pesar de ser siempre de las primeras en quitarme los calcetines y las medias, no me he atrevido. Pero de mañana no pasa. Si seguimos igual, declaro oficialmente que la primavera ha llegado a mi vida y paso de calcetines, medias o sucedáneos. Porque la primavera se puede declarar oficialmente empezada cuando más del cincuenta por ciento de mujeres y travestidos van sin medias, no cuando lo determina el calendario ni cuando El Corte Inglés, a mitad de febrero y con estalactitas en media ciudad, decide comenzar con su campaña de hierbas y flores para vender más.

18.2.08

Casualidades de la vida

Pululeando por ahí me encuentro con este post de trendencias en el que sacan esta imagen del desfile de Ana Locking (Ex Locking-Shocking):


Y no puedo evitar acordarme de este dibujito inspirado por mi amiga Noemi y publicado hace más de un año:




Y yo pienso que tiene que ser una casualidad. Es imposible otra explicación. Pero rascándome la cabecita con un dedito digo: “Yoder, qué casualidad…”

P.S.: Prometo ser persona en breve. Volveré a postear a diario antes de lo que pensáis.

31.1.08

Obreros


Voy a bajar ahora mismo a asesinar a los obreros que están haciendo la remodelación de la tienda que se encuentra bajo mis pies. Primero les voy a gritar mucho, con auténticos chillidos inspirados en los lobos feroces y rabiosos de la estepa rusa, luego les voy a sacar los ojos de sus cuencas con una cuchara para después machacarles los dedos de los pies con un martillo. Terminaré cerrando la tapa de un baúl sobre sus partes repetidas veces y después, sólo entonces, cuando ya hayan sufrido lo que llevo sufriendo yo esta semana, les concederé el favor de asesinarlos para que puedan dejar de sufrir. Por favor, si tenéis alguna idea más, decídmela. Estoy deseando llevarlas todas a cabo.

De verdad que no lo entiendo. Como sigan agujereando van a encontrar oro, agua e incluso brillantes.

¡NO PUEDO SOPORTARLO MÁS!

11.12.07

Mi amor por las pelis de mierda


Tengo un problema con las películas fantásticas y de ciencia ficción. Necesito ir a verlas aunque ya de antemano sepa que serán terribles. Porque hay muchas veces que con sólo ver el anuncio, el título y el actor protagonista, podemos deducir con bastante precisión que si vamos a ver esa película al cine luego nos arrepentiremos.

Pero yo aún así caigo, caigo y vuelvo a caer. No es que tropiece tres veces con la misma piedra, es que tropiezo siempre. Qué se le va a hacer. A unos les da por los porros, a otros por las manías tontas y a mí por estas películas. Las más reseñables (por malas, muy malas, pésimas o muy buenas) son éstas:

El día de mañana: Mala a más no poder. Y encima aburrida. Ni siquiera es capaz de mantener la acción. Eso sí, después de verla tracé un plan de huída hacia África para cuando empezara a llover demasiado.

28 días después: Entretiene a base de sustos.

28 meses después: Más de lo mismo pero encima el argumento es peor.

El día de la marmota: GENIAL, GENIAL, GENIAL. La he visto mil veces. En plan “El día de la marmota”

Yo robot: Oh, dios mío, aburridísima. A pesar de tener un gran potencial la historia, logran hacer el típico bodrio con pretensiones.

Inteligencia Artificial: Coñazo Supino.

Solaris: ¿Pero quién fue el imbécil que escribió el súper-rollo-guión?

Desafío total: Buenísima. La habré visto también mil veces. A pesar de la “súperactuación” de Arnold Schwarzenegger. Y genial sobre todo el jefe de la resistencia mutante igualito que Pujol – creo que esto ya lo he comentado alguna vez pero es que es clavadito-.

Mars attacks: Genial. Y súpergenial el vestido rojo de la marciana.

Independence day: Ni entretenida.

Matrix: Habiendo tanta gente que le encanta, nunca he conseguido ver el lado bueno a esta peli. En la primera no paré de reírme con tanta patada voladora. Por la segunda pasé sin pena ni gloria. Y en la tercera intenté encontrarle el sentido con el discurso del arquitecto y hasta lo busqué en Internet pero… ¿?¿?¿?

Planet of the Apes: La original era genial. La nueva, un mísero bah. No le llega ni a la suela del zapato.

En fin, ¿para qué seguir? La lista sería demasiado larga si siguiera enumerándolas. Sólo me queda suspirar porque como muy tarde antes del día de Navidad sé que voy a pasar por el cine a ver “Soy leyenda”. Y sé que me voy a arrepentir. Y mucho.

7.12.07

Robar o no robar

Mi primera incursión en el mundo del robo ocurrió cuando yo era todavía muy pequeña. Debía tener seis o siete años. A esa edad la mayoría de las niñas coleccionan hojitas, que son simplemente hojas de papel pero impresas con motivos cursis o cursilísimos. Se intercambian unas por otras hasta que parecen sacadas de un arrugador profesional y si tienes el sobre a juego valen mucho más. Que olieran bien también daba puntos.

Por aquella época mi hermana tenía una libreta con hojas blancas con los bordes rojos plagados de ramilletes de corazones que yo le iba mangando poco a poco sin que se diera cuenta (un día una hoja, al día siguiente – en plan atrevida – dos) para cambiarlas por otras hojitas a mis amigas del cole. No tuve más remedio que confesarme de semejante delito cuando iba a hacer la primera comunión y hacer acto de contrición, lo que me llevó a no volver a mangar nada hasta muchos años más tarde.

Ya con dieciséis años andaba yo por Italia haciendo el viaje de fin de curso con el colegio (ciento cincuenta niñas todas juntas y alborotadas) y cuando fuimos a la fábrica de Murano no pude reprimirme y tuve que robar discretamente un collar precioso que no me podía permitir – nunca lo olvidaré, de bolitas marrones aplastadas y con motivos amarillos dibujados -. Por supuesto el cargo de conciencia posterior me hizo tener que replantearme la situación y dado que ya no íbamos a volver a la fábrica lo metí en una de esas huchas para la beneficencia que hay en todas las iglesias.

Aprendí de ese error y nunca más me volví a sentirme tentada. No compensaba el cargo de conciencia.

Así hasta que hace una semana fui a comprar unas pilas a “El Corte Inglés” y vi que no había de Duracell – mi marca habitual de pilas - y que las únicas que había eran unas amarillas con muy mala pinta pero que por lo menos tenían un cartelito que ofrecía un pack de regalo por cada pack que te llevaras. Me sorprendió porque en cada pack venían ocho pilas en vez de las tradicionales cuatro así que me leí el cartelito más detenidamente para comprobar que, efectivamente, no habían cambiado las reglas de las pilas y el pack de regalo ya venía incluido en el pack que comprabas (estaban los dos packs pegados). Cogí mi pack y me fui a pagar. La dependienta miró el pack, cogió otro pack de otro stand que tenía al lado diciendo “con este pack te regalamos otro”. Patidifusa, me planteo rápidamente si explicarle lo que dice el cartelito o no. Finalmente decido que no, que si ella no sabe leer, no se lo voy a contar yo.

Como eran sólo dos euros y pico, mi conciencia no me ha martilleado.

El problema ha llegado hoy.

El destino ha querido, dada mi desfachatez del otro día, recomprobar mi tan estricta honradez que me ha acompañado tanto tiempo.
Así que hoy, cuando he ido a Zara niños a comprarle unas cositas a las mellizas ideales de mi amiga Susana, he comprobado al salir de la tienda que no me habían cobrado una camisa y una chaqueta. Por valor de ---- ni idea, porque tenían el precio cortado al ser devoluciones de otras clientas. Tenía un poco de prisa así que he decidido pensármelo y si acaso volver otro día a pagar mi deuda. Pero la mayoría de la gente a la que se lo he comentado me dice que pase, que soy muy buena clienta de Zara, que me lo tome como un pequeño regalo de Navidad de Amancio, que ellos ya tienen en cuenta esas cosas al poner el precio, etc. De momento hay seis personas a favor de que no lo pague. Un voto a favor de que lo pague.

¿Algún voto más? ¿Seré castigada por alguna fuerza superior por estos “robos”?

12.11.07

Zapateando


Llevo un tiempo sufriendo de una extraña dolencia en el meñique de mi pie izquierdo que me impide caminar con normalidad en ocasiones (el dolor/molestia/calambre – no sabría cómo explicarlo – viene y se va, va y vuelve erráticamente, sin orden ni concierto) y que sobre todo me jode la vida cuando subo y bajo escalones. Fui a un osteópata, a ver si me solucionaba el tema o por lo menos me informaba de lo que me pasaba y si debía visitar al médico y me dijo que probablemente mi problema se debía a que el pie no se me curó bien después de la operación de juanete que me hicieron en el pie izquierdo y que debía volver al traumatólogo para que me lo mirase (¿alguien se está preguntando si se puede uno operar de algo tan feo tanto visual como fonéticamente como un juanete y seguir siendo glamourosa? Sí, se puede.).

Obviamente, al traumatólogo no he ido (vaya perecitis...) pero sí empecé a hacer un análisis exhaustivo del calzado que me ponía por si acaso podía tener más que ver con mis malos hábitos de zapatos que con mi pie en sí. Y sí. He descubierto que la mayoría de los zapatos Made in Inditex, aparte de tener una numeración absolutamente irregular (tengo un 39 pero el jueves me tuve que comprar un 41), son los que me molestan casi todo el rato que los llevo puestos mientras que los demás casi nunca o nunca. Pensé que esta empresa era incompatible con mis pies, concretamente con mi pie izquierdo, ya que nunca había oído a nadie más quejarse de lo mismo. Por eso ahora cuando voy a Zara y me encantan unos zapatos - si simplemente me gustan ya ni los miro, no quiero arriesgarme - me los pruebo y ando un poco para comprobar que no me molestan. Pero eso no termina con el problema ya que soy INCAPAZ, absolutamente incapaz, de dejar de ponerme aquellos zapatos de Inditex que me encantan pero que me molestan.

Así que cuando hoy me he metido en el blog de Patricia, una mujer a la que no conozco personalmente pero que estoy segura es absolutamente fabulosa, me he sentido muy feliz al leer que a ella le pasa lo mismo que a mí con los zapatos en Zara. Ya no soy la rara del planeta a la que el calzado zarístico le destroza los pies – más bien, el pie -.

Pero lo que más me ha sorprendido ha sido el truco de meter los zapatos en el congelador y luego ponértelos para que no hagan daño ni heridas. Me imagino la cara de cierta persona si un día abre el congelador y ve unos zapatos míos ahí plantados entre un lenguado y unos hielos y me muero de la risa.

24.10.07

Here she comes


Hay una personita muy simpática que hace apenas dos meses se compró una perrita muy mona y muy pequeñita a la que llamó Matilda. La pobre estuvo a punto de llamarse Buffy, en honor a Buffy CazaVampiros, pero afortunadamente entró en razón (la dueña) y tras intensas deliberaciones eligió el nombre que su cuñado hubiese querido para su hija. Matilda es monisísima e ideal pero es un poquitín histérica. Es capaz, a pesar de su pequeño tamaño, de correr, ladrar, saltar y morder como si en la habitación hubiera diez perros en vez de uno.

El intenso carácter de Matilda no se ve favorecido por las sustancias psicotrópicas que su dueña va dejando por la casa. La perrita encuentra su olor interesante y no puede sino comerse las piedrillas que la personita simpática en plena euforia de simpatía se deja encima de la mesa. Le ha encontrado el gustirrinín Matilda a eso de levitar.

No ha pasado una vez. Ni dos. Ni tres. Ya van cuatro piedrillas que la perrilla se come y disfruta, después, tirada en el sofá, como si estuviera en un fumadero de opio. Tal es el gusto que le ha cogido que la última vez ha tenido incluso que abrir una caja para llegar a volver a probar la adorada sustancia. Que empiece a preocuparse la dueña ya que Matilda va a ser capaz incluso de utilizar la pértiga o aprender a abrir puertas ahora que conoce el secreto de la evasión de este dificultoso y cruel mundo.

Ahora a la perrita se le caen los dientes. Y muerde más que nunca. Cuando la jefa de la casa vio el primer dientecito tambalearse en la encía pensó que quizás estaba siendo muy mala dueña. Así que bajó corriendo al parque en busca de sus compañeros de paseos para preguntar si era normal que su perrita perdiese los dientes. Sí, era normal. Son dientes de leche y los tiene que cambiar. Parece ser que ha perdido ya todos los de abajo y arriba tiene algunos huecos dándole un aspecto de perra avejentada.

Pero ella, mona igual con la boquita cerrada, sigue llamando la atención por la calle, allá por donde pasa, incluso por su olor.

”¡Oh, qué perrita más mona!” le dicen por la calle. “!Y además huele muy bien! ¿Qué le echas? ¿Champú de fresa?”

La dueña sonríe y responde que no sabe mientras se jura a sí misma que no volverá a darle yogur de fresa para comer cuando se le vuelva a acabar el pienso.

9.10.07

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La muerte me vino a ver. Yo la miré a los ojos y no la reconocí. Pensé que simplemente sobrevivía y en realidad me moría. Ahora que soy consciente me asusto. Por lo que podía haber pasado y, afortunadamente para mí, desafortunadamente para mis enemigos, si los tuviera o tuviese - algo que desconozco - no pasó.

La recuperación todavía dura. Alguna molestia aquí. Alguna cosita por allí. Pero ya he visto la luz al final del túnel y de hecho no hago más que soñar con ese momento en que mi vida esté otra vez llena de arcoiris y de color. Los recuerdos del hospital ya incluso me provocan sonrisas y risas.

A la primera enfermera que me dijo que me levantara quise eliminarla. ¿Cómo iba a levantarme si me moría del dolor? No me dejó regodearme y me obligó, a pesar de mi furibunda mirada, a poner un pie en el suelo, luego el otro, y como una ancianita a punto de cascar, a andar cuatro pasos hasta el horrible sillón de cuero rojo.

Al día siguiente me querían quitar la sonda.

“¿La sonda? ¿Cómo que me van a quitar la sonda? Si me quitan la sonda me tendré que levantar para ir a hacer pis y sufrir tanto como esta mañana. Creo que la sonda y yo podemos seguir juntas.”

Al día siguiente vino lo peor. Querían que me duchara yo misma. Que me sostuviera con mis propias piernas y pies durante cinco minutos y sin ningún tipo de ayuda en una mini-bañera llena de dolor. Sólo de pensarlo me entraban ganas de llorar sin parar, de gritar y pedir un poco de respeto a mis derechos humanos.

Pero ellas, las enfermeras, me miraban a veces con sorna, otras con pena y otras desafiantemente cuando compungida y abrumada les preguntaba cuándo iba a empezar a ser persona, cuándo se terminaría aquél calvario.

Para ellas yo era el pan de cada día. Una paciente tras otra, tras otra y tras otra preguntando siempre lo mismo, pensando que su dolor es único, que nadie las comprende, que la humanidad no les había avisado de tan horrible consecuencias de esa operación. Hartas debían estar ya de tantas quejas todas las enfermeras y médicos cuando mi mal me sobrevino.

Pero a pesar de todo, aunque exigentes y marimandonas, siempre fueron amables y cariñosas y no pude más que dar las gracias cuando por fin me dieron el alta y yo todavía pensaba que el mes que me quedaba por delante iba a ser un infierno.

Pero poco a poco la vida me va abriendo sus brazos, me besa, me da la bienvenida, me susurra palabras de ánimo al oído. Y yo le digo que muchas gracias por dejarme quedarme aquí, que no la defraudaré, que seguiré viviéndola tan intensa y apasionadamente como siempre. Si se puede, aún más.

29.8.07

El cochecito Leré


El suelo se abre bajo mis pies. Y no cualquier suelo. El de mi coche en concreto. Lleva más de una semana emitiendo sonidos guturales desde la zona de abajo izquierda delantera. Como si se fuera a desencajar cada tornillo, cada pieza, y me fuera a quedar sentada en el asiento con la sola compañía del volante entre mis manos en medio de la calle, todas las piezas sueltas del coche a mi alrededor. Sufro cada vez que escucho el ruido, que suele ser casi continuamente, sobre todo en las curvas. Y sé que debería llevar el coche al taller, evitar el mal mayor de un coche descompuesto. Pero si lo hago ir a trabajar será más que complicado, un ir y venir en transporte público muy mal enlazado (Sr. Gallardón, le recuerdo que el transporte público en Madrid es una mierda, que por haber hecho el tren ligero a los nuevos PAU’s a los que no vivimos allí no nos habéis arreglado nada la Sra. Aguirre y usted). Así que día tras día sigo arriesgando mi integridad física, mi vida al fin y al cabo, y confiando en que sólo será algo que se me ha enganchado en los bajos del coche pero que no logro ver. A pesar de que el ruido suena a algo a punto de cascar.

Como en las mejores series americanas, TO BE CONTINUED…