31.1.08

Obreros


Voy a bajar ahora mismo a asesinar a los obreros que están haciendo la remodelación de la tienda que se encuentra bajo mis pies. Primero les voy a gritar mucho, con auténticos chillidos inspirados en los lobos feroces y rabiosos de la estepa rusa, luego les voy a sacar los ojos de sus cuencas con una cuchara para después machacarles los dedos de los pies con un martillo. Terminaré cerrando la tapa de un baúl sobre sus partes repetidas veces y después, sólo entonces, cuando ya hayan sufrido lo que llevo sufriendo yo esta semana, les concederé el favor de asesinarlos para que puedan dejar de sufrir. Por favor, si tenéis alguna idea más, decídmela. Estoy deseando llevarlas todas a cabo.

De verdad que no lo entiendo. Como sigan agujereando van a encontrar oro, agua e incluso brillantes.

¡NO PUEDO SOPORTARLO MÁS!

27.1.08

Dearest Nawja


Queridísima Nawja:

No sé cómo ha pasado esto pero a pesar de haber oído hablar de tu música hace ya unos años, hasta esta semana no se me ha presentado la oportunidad de escucharla (es lo que pasa cuando no buscas la oportunidad – si esperas a que la oportunidad te encuentre, todo, siempre, lleva más tiempo). Pero, oh dios mío, ahora ya mi vida ha de ser diferente. Esta misma noche me voy a conectar a Emule y voy a empezar a bajarme toda tu música. Siento muchísimo hacerlo así y no comprarme tus CD’s, pero he hecho la firme promesa de no comprar nada de música hasta que el gobierno quite el canon digital – esto de pagar por adelantado por si acabo delinquiendo no me va – me paso a la desobediencia civil-, pero, no te preocupes, no la venderé, ni la alquilaré ni haré nada raro aparte de escucharla. A partir de ahora tu música (y que conste que de momento sólo he escuchado una canción) será una de mis compañeras de viaje y mis labios sólo pronunciarán mi nombre para adorarte. Desde este momento abofetearé a todo hombre que no esté enamorado de ti y les obligaré a ver en ti lo que yo, como mujer heterosexual, no soy capaz de ver, aunque sí de intuir. No entiendo como el mundo masculino no gira a tu alrededor. ¿Es que son tontos? ¿O, quizás, tan despistados como yo, andan por ahí tan felices en su ignorancia, sin saber que TU MÚSICA les puede sacar de una aletargada y acomodada lista de canciones? Esa voz que en las películas es demasiado poderosa e inquietante a veces (en “Abre los ojos” que dijeras mi nombre me hacía sentir escalofríos), cantando se equilibra, se armoniza, resulta perfecta y ya se entiende para qué has nacido y cuál es tu misión en esta vida.

Y, sobre todo, que Leonor Watling deje de intentar imitarte.

Y, por cierto, ¿tu padre fue un visionario al llamarte Nawja (“éxtasis” en árabe) o que te llames Nawja te ha hecho ser como eres?

13.1.08

My hair

Tengo un grave problema con mi pelo: no sé qué hacer con él. Hace bastante decidí que me iba a cortar el flequillo y ese mismo día quedé con mi hermana para comer y descubrí que a ella se le había ocurrido esa misma idea ese mismo día y, lo peor, que ya la había ejecutado. Así que para no parecer dos tontas del bote (porque tenemos un aire aunque seamos muy diferentes – esto es muy de nuestra familia, que se note que las hermanas son hermanas pero cada una con su único y personal estilo -) decidí no cortármelo. En su lugar me corté lo que mi súperpeluquera llamó una visera, que consiste en una especie de flequillo de lado bastante largo que te tapa media frente en plan cortina. La verdad es que me quedaba muy mono. O así me vi yo unos meses. Pero enseguida me cansé y pensé que me quedaba fatal así que renuncié a la visera y dejé mi corte de pelo en stand-by esperando que a mi hermana se le pasara pronto el pronto del flequillo. Pero, para mi pesar, no se le ha pasado y yo sigo con el pelo sin definir, sin cortar, cada vez más absurdamente largo y por tanto casi siempre recogido en una coleta o al tuntún. Y es que no se me ocurre nada más que hacerme que el flequillo. Así que me quedan muy pocas opciones:

1- Asesinar a mi hermana
2- Dejar que el pelo siga creciendo hasta que por detrás y sin mirarme las piernas ni el culo los paparazzi me confundan con la Pantoja.
3- Cortármelo sin pasión.

Y, la verdad, aunque la número 3 parezca la mejor opción, yo llevo fatal lo de hacer las cosas sin pasión. Es que es muy triste hacer algo sin que te convenza. Yo siempre hago todo con intensidad. Desde vestirme por las mañanas – siempre salgo convencida de que llevo el mejor atuendo que podría llevar ese día – hasta leerme un libro – si no me apasiona, acabo pasando, por mucho que me moleste dejarlo a la mitad-).

¿Alguna idea? Si no encuentro alguna solución pronto
acabaré ingresando en el libro Guiness de los récords, por supuesto, contra mi voluntad.

7.1.08

Un domingo cualquiera


Los domingos son siempre terribles pero por lo menos tenemos los siempre entretenidos dominicales para amenizar las indolentes tardes ante la maltrecha televisión. Con curiosidad buceo entre los inventos del año que recopila EL MUNDO y me encuentro cosas tan asombrosas como la ventana que se convierte en balcón o tan – siempre según “my personal point of view” – estúpidas como las ranas translúcidas. Dicen que la utilidad está en que no va a haber que diseccionarlas en clase de biología para ver como están formadas por dentro. En ninguno de los colegios en los que he estudiado (uno en Madrid, el otro en Irlanda) han diseccionado una rana ante mis ojos. Se ve que es algo muy norteamericano. Pero, la verdad, me hubiera gustado. A pesar del asco que me da sólo imaginármelo, estoy segura de que hubiera sido interesante. Y quitarles semejante emoción a los estudiantes estadounidesenses para sustituirla por un aburrido vistazo a una rana translúcida me parece muy mal por parte de los investigadores.

Siempre llego con ganas a la hoja final de Goomer. Cuando salió la película, no sé cómo porque juro que no di ni prometí favores sexuales, logré convencer a dos amigos para ir a verla. Creo que pocas películas he visto tan malas como esa. Ambos amigos, cada uno a un lado, roncaron la mayor parte de la peli.

Después del dominical siempre llega el periódico y me encuentro, como el resto de la semana, con mil columnas, artículos o reportajes sobre el setenta cumpleaños del Rey. Nunca antes un cumpleaños me resultó tan tedioso. Si hasta el otro día soñé que el AVE a Barcelona me hacía una jugarreta y me iba al Rey a quejarme… ¿No se aburren los periodistas de leerse los unos a los otros más incluso que nosotros de leerlos a ellos?

Por lo menos, gracias a mi reciente descubrimiento del botón de pausa de lo que estás viendo en la tele (eso que tanto anuncia ahora Telefónica) que incorpora el DVD, me puedo levantar a merendar o a atender una llamada sin perderme la mitad de la única película semidecente que ponen. Y luego, para más júbilo, puedo saltarme los anuncios (!!!).

Si es que en domingo cualquier tontería le hace a una ilusión.

11.12.07

Mi amor por las pelis de mierda


Tengo un problema con las películas fantásticas y de ciencia ficción. Necesito ir a verlas aunque ya de antemano sepa que serán terribles. Porque hay muchas veces que con sólo ver el anuncio, el título y el actor protagonista, podemos deducir con bastante precisión que si vamos a ver esa película al cine luego nos arrepentiremos.

Pero yo aún así caigo, caigo y vuelvo a caer. No es que tropiece tres veces con la misma piedra, es que tropiezo siempre. Qué se le va a hacer. A unos les da por los porros, a otros por las manías tontas y a mí por estas películas. Las más reseñables (por malas, muy malas, pésimas o muy buenas) son éstas:

El día de mañana: Mala a más no poder. Y encima aburrida. Ni siquiera es capaz de mantener la acción. Eso sí, después de verla tracé un plan de huída hacia África para cuando empezara a llover demasiado.

28 días después: Entretiene a base de sustos.

28 meses después: Más de lo mismo pero encima el argumento es peor.

El día de la marmota: GENIAL, GENIAL, GENIAL. La he visto mil veces. En plan “El día de la marmota”

Yo robot: Oh, dios mío, aburridísima. A pesar de tener un gran potencial la historia, logran hacer el típico bodrio con pretensiones.

Inteligencia Artificial: Coñazo Supino.

Solaris: ¿Pero quién fue el imbécil que escribió el súper-rollo-guión?

Desafío total: Buenísima. La habré visto también mil veces. A pesar de la “súperactuación” de Arnold Schwarzenegger. Y genial sobre todo el jefe de la resistencia mutante igualito que Pujol – creo que esto ya lo he comentado alguna vez pero es que es clavadito-.

Mars attacks: Genial. Y súpergenial el vestido rojo de la marciana.

Independence day: Ni entretenida.

Matrix: Habiendo tanta gente que le encanta, nunca he conseguido ver el lado bueno a esta peli. En la primera no paré de reírme con tanta patada voladora. Por la segunda pasé sin pena ni gloria. Y en la tercera intenté encontrarle el sentido con el discurso del arquitecto y hasta lo busqué en Internet pero… ¿?¿?¿?

Planet of the Apes: La original era genial. La nueva, un mísero bah. No le llega ni a la suela del zapato.

En fin, ¿para qué seguir? La lista sería demasiado larga si siguiera enumerándolas. Sólo me queda suspirar porque como muy tarde antes del día de Navidad sé que voy a pasar por el cine a ver “Soy leyenda”. Y sé que me voy a arrepentir. Y mucho.

7.12.07

Robar o no robar

Mi primera incursión en el mundo del robo ocurrió cuando yo era todavía muy pequeña. Debía tener seis o siete años. A esa edad la mayoría de las niñas coleccionan hojitas, que son simplemente hojas de papel pero impresas con motivos cursis o cursilísimos. Se intercambian unas por otras hasta que parecen sacadas de un arrugador profesional y si tienes el sobre a juego valen mucho más. Que olieran bien también daba puntos.

Por aquella época mi hermana tenía una libreta con hojas blancas con los bordes rojos plagados de ramilletes de corazones que yo le iba mangando poco a poco sin que se diera cuenta (un día una hoja, al día siguiente – en plan atrevida – dos) para cambiarlas por otras hojitas a mis amigas del cole. No tuve más remedio que confesarme de semejante delito cuando iba a hacer la primera comunión y hacer acto de contrición, lo que me llevó a no volver a mangar nada hasta muchos años más tarde.

Ya con dieciséis años andaba yo por Italia haciendo el viaje de fin de curso con el colegio (ciento cincuenta niñas todas juntas y alborotadas) y cuando fuimos a la fábrica de Murano no pude reprimirme y tuve que robar discretamente un collar precioso que no me podía permitir – nunca lo olvidaré, de bolitas marrones aplastadas y con motivos amarillos dibujados -. Por supuesto el cargo de conciencia posterior me hizo tener que replantearme la situación y dado que ya no íbamos a volver a la fábrica lo metí en una de esas huchas para la beneficencia que hay en todas las iglesias.

Aprendí de ese error y nunca más me volví a sentirme tentada. No compensaba el cargo de conciencia.

Así hasta que hace una semana fui a comprar unas pilas a “El Corte Inglés” y vi que no había de Duracell – mi marca habitual de pilas - y que las únicas que había eran unas amarillas con muy mala pinta pero que por lo menos tenían un cartelito que ofrecía un pack de regalo por cada pack que te llevaras. Me sorprendió porque en cada pack venían ocho pilas en vez de las tradicionales cuatro así que me leí el cartelito más detenidamente para comprobar que, efectivamente, no habían cambiado las reglas de las pilas y el pack de regalo ya venía incluido en el pack que comprabas (estaban los dos packs pegados). Cogí mi pack y me fui a pagar. La dependienta miró el pack, cogió otro pack de otro stand que tenía al lado diciendo “con este pack te regalamos otro”. Patidifusa, me planteo rápidamente si explicarle lo que dice el cartelito o no. Finalmente decido que no, que si ella no sabe leer, no se lo voy a contar yo.

Como eran sólo dos euros y pico, mi conciencia no me ha martilleado.

El problema ha llegado hoy.

El destino ha querido, dada mi desfachatez del otro día, recomprobar mi tan estricta honradez que me ha acompañado tanto tiempo.
Así que hoy, cuando he ido a Zara niños a comprarle unas cositas a las mellizas ideales de mi amiga Susana, he comprobado al salir de la tienda que no me habían cobrado una camisa y una chaqueta. Por valor de ---- ni idea, porque tenían el precio cortado al ser devoluciones de otras clientas. Tenía un poco de prisa así que he decidido pensármelo y si acaso volver otro día a pagar mi deuda. Pero la mayoría de la gente a la que se lo he comentado me dice que pase, que soy muy buena clienta de Zara, que me lo tome como un pequeño regalo de Navidad de Amancio, que ellos ya tienen en cuenta esas cosas al poner el precio, etc. De momento hay seis personas a favor de que no lo pague. Un voto a favor de que lo pague.

¿Algún voto más? ¿Seré castigada por alguna fuerza superior por estos “robos”?

4.12.07

Y todos me miran

Pocas veces uno se va de viaje y se vuelve sin una canción que le recuerde aquellos momentos ya irrepetibles e idealizados.

3.12.07

De boda


Cosas que he aprendido este fin de semana - algunas ya me las sabía, pero este fin de semana se han afianzado en mi pensamiento - :

1.- Que prefiero oír el fútbol que escuchar a The Corrs.

2.- Que, aparte de un par de abuelas muy elegantosas, no hay nadie más en el mundo que sepa elegir, llevar y combinar el/los visón/es con dignidad y acierto.

3.- Que hay muchas mujeres que no tienen ni idea de cómo vestirse en una boda, claro que tampoco la tienen de cómo ir vestidas por la calle. Los tíos, como con un traje discreto y una corbata facilona lo solucionan bastante bien, siempre salen mejor parados.

4.- Peor es el tema de los tocados. Las mujeres no son conscientes de que hay que ser muy guapa, alta, estilosa, fabulosa, inteligente y tener un pelo genial para que te quede estupendamente un tocado años veinte. Con ellos, quedarse en un “bueno” es fracasar. No hay término medio. O eres genial o lo deberías haber dejado en casa. En caso de duda, siempre es mejor dejarlo en casa. Y, como dice Inesilla, si no te lo quitas rápido, aparece un bulto en el pelo de la zona de la cocorota que te hace tener pinta de pánfila.

5.- Que mi querencia por los escenarios no se apacigua con el paso del tiempo pero dejo de subirme porque creo que “ya no me toca”. Nadie ocupa mi lugar salvo en una canción y no puedo sino mirarlo con nostalgia.

6.- Que debería ir por la vida con una libretita para apuntar todo lo que me gustaría decir porque luego se me olvida todo.

7.- Que cuando una se va de viaje debería tatuarse la palabra “PÍLDORA” en la mano.

8.- Que a lo mejor debería tomarme vitaminas para la memoria porque me olvidé el cargador.

9.- Que es genial tener amigos y amigas geniales. Es una idea obvia pero a veces lo damos por supuesto.

12.11.07

Zapateando


Llevo un tiempo sufriendo de una extraña dolencia en el meñique de mi pie izquierdo que me impide caminar con normalidad en ocasiones (el dolor/molestia/calambre – no sabría cómo explicarlo – viene y se va, va y vuelve erráticamente, sin orden ni concierto) y que sobre todo me jode la vida cuando subo y bajo escalones. Fui a un osteópata, a ver si me solucionaba el tema o por lo menos me informaba de lo que me pasaba y si debía visitar al médico y me dijo que probablemente mi problema se debía a que el pie no se me curó bien después de la operación de juanete que me hicieron en el pie izquierdo y que debía volver al traumatólogo para que me lo mirase (¿alguien se está preguntando si se puede uno operar de algo tan feo tanto visual como fonéticamente como un juanete y seguir siendo glamourosa? Sí, se puede.).

Obviamente, al traumatólogo no he ido (vaya perecitis...) pero sí empecé a hacer un análisis exhaustivo del calzado que me ponía por si acaso podía tener más que ver con mis malos hábitos de zapatos que con mi pie en sí. Y sí. He descubierto que la mayoría de los zapatos Made in Inditex, aparte de tener una numeración absolutamente irregular (tengo un 39 pero el jueves me tuve que comprar un 41), son los que me molestan casi todo el rato que los llevo puestos mientras que los demás casi nunca o nunca. Pensé que esta empresa era incompatible con mis pies, concretamente con mi pie izquierdo, ya que nunca había oído a nadie más quejarse de lo mismo. Por eso ahora cuando voy a Zara y me encantan unos zapatos - si simplemente me gustan ya ni los miro, no quiero arriesgarme - me los pruebo y ando un poco para comprobar que no me molestan. Pero eso no termina con el problema ya que soy INCAPAZ, absolutamente incapaz, de dejar de ponerme aquellos zapatos de Inditex que me encantan pero que me molestan.

Así que cuando hoy me he metido en el blog de Patricia, una mujer a la que no conozco personalmente pero que estoy segura es absolutamente fabulosa, me he sentido muy feliz al leer que a ella le pasa lo mismo que a mí con los zapatos en Zara. Ya no soy la rara del planeta a la que el calzado zarístico le destroza los pies – más bien, el pie -.

Pero lo que más me ha sorprendido ha sido el truco de meter los zapatos en el congelador y luego ponértelos para que no hagan daño ni heridas. Me imagino la cara de cierta persona si un día abre el congelador y ve unos zapatos míos ahí plantados entre un lenguado y unos hielos y me muero de la risa.

29.10.07

The news





Me consternan las noticias de la tele en muchas ocasiones. Teniendo en cuenta la cantidad de mundo que hay y la cantidad de cosas que pasan es impresionante que una de las noticias en un espacio de treinta minutos sea la existencia de un mero de cuarenta años llamado Pancho en una zona que no recuerdo de Canarias al que van a ver muchos turistas y que por la simpatía que despierta ha conseguido que en muchos restaurantes de la zona se haya retirado a su familia de la carta (¿¿¿???).

Pero peor son las noticias que deberían ser más noticia y que aparecen como anécdotas. Hoy ha salido un pobre cantante que tendrá que pagar una multa de prácticamente quince mil euros por haber dicho en un concierto que los miembros de la familia real son parásitos. Parece ser que es una injuria. ¿Una injuria? ¿Cómo va a ser una injuria utilizar una metáfora (por muy burra que sea) para expresar la opinión de que las arcas del Estado (que somos todos nosotros) están pagando un dinero no justificado a una institución totalmente anacrónica? Lo peor es que en ningún momento los periodistas que han redactado y contado la noticia se han planteado que este juicio es una afrenta gravísima contra la libertad de expresión. Me resulta igualmente pasmoso que en todos los medios de comunicación los que quemaron las fotos de los reyes hayan sido catalogados como radicales. ¿Por qué ha de ser un radical quien afirma ser republicano mediante un gesto contundente? ¿De verdad les resulta a todos los políticos y periodistas tan raro que a estas alturas de la evolución y la democracia haya gente que no esté de acuerdo con que haya un cargo hereditario?

Y lo más curioso todavía, el gran Jaime Peñafiel se atrevió a decir en la contraportada de Crónica de EL MUNDO de la semana anterior a la pasada que una mujer que ha estado con – creo que eran – ocho amantes es un poquito ligerita de cascos. ¿Pero no se supone que un periodista debería estar un poco al día de lo que ocurre por el mundo? ¿No es consciente de que según su regla la mayoría de la sociedad actual sería promiscua? ¿No se da cuenta de que la igualdad llega hasta la cama? ¿No es capaz de ver que nadie debe ser cuestionado sobre su vida privada si no hace daño a nadie? Y, sobre todo, ¿no se da cuenta de que su rancia opinión moral nos importa un bledo?

24.10.07

Here she comes


Hay una personita muy simpática que hace apenas dos meses se compró una perrita muy mona y muy pequeñita a la que llamó Matilda. La pobre estuvo a punto de llamarse Buffy, en honor a Buffy CazaVampiros, pero afortunadamente entró en razón (la dueña) y tras intensas deliberaciones eligió el nombre que su cuñado hubiese querido para su hija. Matilda es monisísima e ideal pero es un poquitín histérica. Es capaz, a pesar de su pequeño tamaño, de correr, ladrar, saltar y morder como si en la habitación hubiera diez perros en vez de uno.

El intenso carácter de Matilda no se ve favorecido por las sustancias psicotrópicas que su dueña va dejando por la casa. La perrita encuentra su olor interesante y no puede sino comerse las piedrillas que la personita simpática en plena euforia de simpatía se deja encima de la mesa. Le ha encontrado el gustirrinín Matilda a eso de levitar.

No ha pasado una vez. Ni dos. Ni tres. Ya van cuatro piedrillas que la perrilla se come y disfruta, después, tirada en el sofá, como si estuviera en un fumadero de opio. Tal es el gusto que le ha cogido que la última vez ha tenido incluso que abrir una caja para llegar a volver a probar la adorada sustancia. Que empiece a preocuparse la dueña ya que Matilda va a ser capaz incluso de utilizar la pértiga o aprender a abrir puertas ahora que conoce el secreto de la evasión de este dificultoso y cruel mundo.

Ahora a la perrita se le caen los dientes. Y muerde más que nunca. Cuando la jefa de la casa vio el primer dientecito tambalearse en la encía pensó que quizás estaba siendo muy mala dueña. Así que bajó corriendo al parque en busca de sus compañeros de paseos para preguntar si era normal que su perrita perdiese los dientes. Sí, era normal. Son dientes de leche y los tiene que cambiar. Parece ser que ha perdido ya todos los de abajo y arriba tiene algunos huecos dándole un aspecto de perra avejentada.

Pero ella, mona igual con la boquita cerrada, sigue llamando la atención por la calle, allá por donde pasa, incluso por su olor.

”¡Oh, qué perrita más mona!” le dicen por la calle. “!Y además huele muy bien! ¿Qué le echas? ¿Champú de fresa?”

La dueña sonríe y responde que no sabe mientras se jura a sí misma que no volverá a darle yogur de fresa para comer cuando se le vuelva a acabar el pienso.

9.10.07

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La muerte me vino a ver. Yo la miré a los ojos y no la reconocí. Pensé que simplemente sobrevivía y en realidad me moría. Ahora que soy consciente me asusto. Por lo que podía haber pasado y, afortunadamente para mí, desafortunadamente para mis enemigos, si los tuviera o tuviese - algo que desconozco - no pasó.

La recuperación todavía dura. Alguna molestia aquí. Alguna cosita por allí. Pero ya he visto la luz al final del túnel y de hecho no hago más que soñar con ese momento en que mi vida esté otra vez llena de arcoiris y de color. Los recuerdos del hospital ya incluso me provocan sonrisas y risas.

A la primera enfermera que me dijo que me levantara quise eliminarla. ¿Cómo iba a levantarme si me moría del dolor? No me dejó regodearme y me obligó, a pesar de mi furibunda mirada, a poner un pie en el suelo, luego el otro, y como una ancianita a punto de cascar, a andar cuatro pasos hasta el horrible sillón de cuero rojo.

Al día siguiente me querían quitar la sonda.

“¿La sonda? ¿Cómo que me van a quitar la sonda? Si me quitan la sonda me tendré que levantar para ir a hacer pis y sufrir tanto como esta mañana. Creo que la sonda y yo podemos seguir juntas.”

Al día siguiente vino lo peor. Querían que me duchara yo misma. Que me sostuviera con mis propias piernas y pies durante cinco minutos y sin ningún tipo de ayuda en una mini-bañera llena de dolor. Sólo de pensarlo me entraban ganas de llorar sin parar, de gritar y pedir un poco de respeto a mis derechos humanos.

Pero ellas, las enfermeras, me miraban a veces con sorna, otras con pena y otras desafiantemente cuando compungida y abrumada les preguntaba cuándo iba a empezar a ser persona, cuándo se terminaría aquél calvario.

Para ellas yo era el pan de cada día. Una paciente tras otra, tras otra y tras otra preguntando siempre lo mismo, pensando que su dolor es único, que nadie las comprende, que la humanidad no les había avisado de tan horrible consecuencias de esa operación. Hartas debían estar ya de tantas quejas todas las enfermeras y médicos cuando mi mal me sobrevino.

Pero a pesar de todo, aunque exigentes y marimandonas, siempre fueron amables y cariñosas y no pude más que dar las gracias cuando por fin me dieron el alta y yo todavía pensaba que el mes que me quedaba por delante iba a ser un infierno.

Pero poco a poco la vida me va abriendo sus brazos, me besa, me da la bienvenida, me susurra palabras de ánimo al oído. Y yo le digo que muchas gracias por dejarme quedarme aquí, que no la defraudaré, que seguiré viviéndola tan intensa y apasionadamente como siempre. Si se puede, aún más.

6.9.07

Te necesito

Oh, cómo quieres que me aclare
Si aún soy demasiado joven
Para entender lo que siento
Pero no para jurarle al mismísimo ángel negro
Que si rompe la distancia que ahora mismo nos separa
Volveré para adorarle, le daría hasta mi alma
Si trajera tu presencia a esta noche que no acaba
Te necesito como a la luz del sol
En este invierno frío
Pa´ darme tu calor
Como quieres que te olvide
Si tu nombre está en el aire
Y sopla entre mis recuerdos
Si ya sé que no eres libre,
Si ya sé que yo no debo
Retenerte en mi memoria
Así es como yo contemplo
Mi tormenta de tormento
,Así es como yo te quiero
Te necesito como a la luz del sol
En este invierno frío
Pa´ darme tu calor
Te necesito como a la luz del sol
Tus ojos el abismo
Donde muere mi razón
Oh, cómo quieres que me aclare
Oh, amor, cómo quieres que te olvide
Te necesito como a luz del sol
En este invierno frío
Pa´ darme tu calor
Te necesito como a luz del sol
Tus ojos el abismo
Donde muere mi razón
---
Dedicada a mi querido y amadísimo Paracetamol, sin el que estos días no habrían sido superables (sin exagerar ni un poquito).

4.9.07

Pequeñas manías

www.facehunter.blogspot.com



Quiero ver “Hable con ella”. La ponen en un rato en Antena 3. Me gustaría grabarla. Pero es que sé que no voy a ser capaz de verla. Rosarito Flores es uno de esos personajes a los que detesto profundamente. Bueno, no sólo a Rosarito, es un problema que tengo con toda la familia Flores, desde Lola y su marido hasta los nietos (y en un futuro no tan lejano, supongo que los tentáculos de mi odio llegarán también a los hijos de los nietos). Es algo visceral, no meditado y totalmente irracional. No sé a qué se debe ni por qué nació. Sólo puedo decir que desde que yo recuerde, siempre les he odiado. Todavía me acuerdo de cuando siendo enana leí en la portada de una de las revistas de mi madre que Lola Flores decía que si cada español le diera una peseta, tendría dinero para pagar lo que le debía a Hacienda. Me quedé alucinada con la cara que tenía la mujer. ¿En base a qué íbamos a regalarle dinero todos los españoles? ¿Por su cara bonita? Mi mente infantil fue capaz de comprender que si debía tanto dinero, sería porque algo habría hecho mal y no era capaz de entender por qué todos los demás teníamos que hacernos cargo de sus malas acciones.

Esta animadversión logra empapar cualquier cosa en la que estén metidos los Flores, ya sea música, cine o series de televisión. Afortunadamente, aquello por lo que se interesan ellos no suele ser de mi interés. Hasta que Almodóvar contrató a Rosarillo para grabar “Hable con ella”. No es que me encanten las películas de Almodóvar, que tampoco, sino que en general me gusta verlas para luego poder reafirmarme en mi “no-devoción” por ellas y poder argumentarlo. Aunque últimamente estoy haciendo los deberes fatal. Tampoco he podido ver “La mala educación”. Esta vez no por los actores sino por el tema. El sentimiento que me genera el tema es parecido al que me genera la familia Flores: no tiene explicación, simplemente me retrae. Y no es que esté especialmente a favor ni especialmente en contra de los colegios religiosos. Y sobre “Volver”, ¿qué decir sobre “Volver”? Es que Penélope intentando demostrar que es una buena actriz me pone los pelos de punta (y que conste que no pongo en duda que su actuación sea superlativa – el problema es que el simple hecho de que después de su fiasco interpretativo en EEUU vuelva a España con Almodóvar a ver si consigue el renombre perdido en plan Demi Moore con Woody Allen o John Travolta con Quentin Tarantino me enerva demasiado).

Conclusión: Almodóvar no me lo ha puesto fácil pero yo lo voy a intentar. Voy a ver si logro lavarme el cerebro y superar mis prejuicios y logro ver las tres películas de una vez. Así podré opinar y quién sabe, a lo mejor, como a
Boyero, me gusta “Volver”.

29.8.07

El cochecito Leré


El suelo se abre bajo mis pies. Y no cualquier suelo. El de mi coche en concreto. Lleva más de una semana emitiendo sonidos guturales desde la zona de abajo izquierda delantera. Como si se fuera a desencajar cada tornillo, cada pieza, y me fuera a quedar sentada en el asiento con la sola compañía del volante entre mis manos en medio de la calle, todas las piezas sueltas del coche a mi alrededor. Sufro cada vez que escucho el ruido, que suele ser casi continuamente, sobre todo en las curvas. Y sé que debería llevar el coche al taller, evitar el mal mayor de un coche descompuesto. Pero si lo hago ir a trabajar será más que complicado, un ir y venir en transporte público muy mal enlazado (Sr. Gallardón, le recuerdo que el transporte público en Madrid es una mierda, que por haber hecho el tren ligero a los nuevos PAU’s a los que no vivimos allí no nos habéis arreglado nada la Sra. Aguirre y usted). Así que día tras día sigo arriesgando mi integridad física, mi vida al fin y al cabo, y confiando en que sólo será algo que se me ha enganchado en los bajos del coche pero que no logro ver. A pesar de que el ruido suena a algo a punto de cascar.

Como en las mejores series americanas, TO BE CONTINUED…

28.8.07

Las rubias también lloran


La rubia se aleja. No puede evitar llorar. Silenciosamente, por supuesto. Y sin mirar hacia atrás. Mira la mancha de copa que se le cayó al principio de la noche en su vestido rojo. No sabe qué hacer. Le gustaría llegar a su casa, coger el coche, conducir hasta la sierra y perderse entre las carreteras hasta que se le pasase el amor. Pero sabe que no se va a pasar tan fácilmente, sabe que ahora le toca sufrir, echarle de menos, llorar, patalear. No quiere. No entiende por qué todo ha terminado hoy, así. Algo más debe pasar por su cabeza. Seguro que hay mil cosas que no le ha dicho. Es imposible que alguien de repente pierda la ilusión porque sí, sin más y sin razón. Algo debe haber detrás. Pero no ha habido manera de sacárselo. Él insistía en que simplemente se fue la emoción, que no tenía sentido seguir con la relación si no iba en una dirección concreta.

- ¿Emoción?, ¿pero qué emoción quiere?, ¿follarme como si fuera el primer día? A lo mejor es que no me lo follé bien las dos primeras veces, como siempre me ha aconsejado Jaime. “Follátelo dos veces como nadie se lo haya follado y le tendrás alelado toda la vida”, eso dice él. Pero ¿qué va a saber él de los hombres si es gay? Él sabrá de los gays que son los suyos. Y vete tú a saber si de verdad sabe. Porque con César no pudo tenerle ahí comiendo de su mano como él quería. Claro que César es más raro que un perro verde. A lo mejor el que se lo folló bien fue César a Jaime y por eso éste estaba tan alelado. Pues será. En fin, la próxima vez tendré que aplicarme. ¿Y si llamo a Felipe, le digo que deberíamos hacer el amor por última vez en plan despedida y se lo hago bien-bien-bien como dice Jaime? A lo mejor es eso lo que nos faltó. Es que me da una vergüenza que me muero. Hay mil cosas que se me ocurren que jamás podré hacer por iniciativa propia a un tío. Qué estupidez, ni que fuera una niña. A ver si aprendemos a madurar y evoluciono un poco. Aunque bueno, no creo que Felipe lo haya dejado por eso. Algo más habrá, ¿no? No será por el tema de hacer el amor… porque si fuera por eso, si él quisiera cosas más salvajes, me lo habría dicho de alguna forma, ¿no? Aunque fuera con indirectas. Y no, siempre ha parecido muy satisfecho con el tema. Siempre ha sonreído mucho después. O a lo mejor es que me estaba engañando. Se hacía el satisfecho… No, no, eso es imposible, me hubiera dado cuenta. No es tan fácil engañar a alguien durante tantos meses. ¿O sí? ¿Qué hago? ¿Se lo pregunto? ¿Cómo se lo voy a preguntar? Se va a pensar que se me ha ido la cabeza. ¿Y si le mando un mensaje? Uno light, en plan “crees que nos faltó chispa?” ¿Lo entenderá? Si no lo entiende será que no era eso. Bueno, se lo voy a mandar. Total, ya no pierdo nada…

El móvil de Felipe suena. Es un mensaje. No le hace caso. Lo único en lo que piensa es en quitarle los vaqueros a Ana. Es difícil concentrarse en los botones cuando te están besando.

24.8.07

Patata

http://www.thesartorialist.blogspot.com/

Madre: “Estaba buenísima la carne.”

Hija: “Sí, buenísima.”

Madre: “Y el puré de patatas me ha salido muy bien.”

Hija: “Como a todo el mundo. Eso no tiene mucho misterio.”

Madre: “Pues no es tan fácil. A la mayoría de la gente no le sale como a mí. Porque yo a las patatas les echo…”

Hija: “¿Cómo? ¿Que el puré no es el de Maggi?”

Madre: “¿Pero cómo…? Si ese está asqueroso…”

Hija: “Pues yo en mi casa hago el de Maggi y me sabe igual. “

Madre: “No sabe igual.”

Hija: “¿Pero lo haces siempre así o sólo hoy?

Madre: “Siempre.”

Hija: “¿De verdad llevas toda la vida haciendo el puré de patatas natural y yo pensando que era el de sobre?”

Madre: “De verdad. Salvo cuando nacisteis y no tenía tiempo para nada. Pues te vas a tener que comprar el “instrumento-ese-que-sirve-para-machacar-las-patatas.”

Hija: “¿Para qué? Si a mí me sabe igual. Será que no le echas leche tú al de Maggi.”

Madre: “Sí que le echo.”

Hija: “Pues entonces a lo mejor es que no le echas mantequilla.”

Madre: “También le echo.”

Hija: “Pues yo paso de machacar patatas. No noto la diferencia.”

¡Ay!, esta vida modernaaaaaaaa. Y qué poco glamouroso es el puré de patata.

22.8.07

Vitalic - Vídeo

Vitalic - Letras

http://es.youtube.com/watch?v=F52dx9Z0L5k

El vídeo es genial. La música me da unas ganas casi incontenibles de irme de copas a la de ya. Por cierto que
unos científicos de la University College London han logrado averiguar dónde está el centro de control de acciones del cerebro. Ya que no es lo mismo querer matar a la familia Tous que llegar a hacerlo. Y parece que es muy interesante. Nos cuenta El Mundo que la doctora Martha Farah - Universidad de Pennsylvania dice que "los resultados iluminan un aspecto muy importante del control de la conducta en el cerebro, la capacidad para resistirse a hacer algo después de tener la intención de hacerlo; uno podría llamarlo 'libertad de no querer' frente a libertad de querer. Es muy importante identificar circuitos que permiten esa 'libertad de no querer' porque muchas enfermedades psiquiátricas presentan problemas de autocontrol, desde el déficit de atención hasta la adicción a las sustancias y varios trastornos de personalidad". Pero ¿de verdad la adicción a las sustancias puede deberse a un problema con el centro de autocontrol? ¿No será que la satisfacción que nos da la ingestión - o inhalación, o inyección - de la sustancia nos compensa - y con creces - las consecuencias negativas que conlleva? Porque yo conozco a mucha, mucha gente con mucho autocontrol para casi todo en su vida que sería incapaz de dejar de lado el café, el alcohol o los porros. Pero no incapaces porque de verdad sean incapaces, sino incapaces porque no les da la gana, que si se pusieran por alguna razón poderosa para ellos seguro que lo conseguirían. Otra cosa sería la adicción física a la sustancia en sí, que no pasa por el cerebro, y que sí es incontrolable.

Y, otro por cierto, odio a YOUTUBE. Media hora perdiendo el tiempo y no he conseguido subir el vídeo aquí. O ponía letras en un formato no deseado o ponía vídeo. No podía tolerar un post con una letra diferente a las otras entradas del blog así que me he decantado por la división. Ahora pondré el vídeo independiente. Por cierto, ¿será porque la canción no tiene letra que no quiere el vídeo que las letras ronden a su alrededor?

21.8.07

Misterio misterioso


El día no podía empezar bien. Soñar con una hoja (de las de los árboles) gigante con pies y zapatos que te quiere hacer algo malo no es una buena señal. En mi sueño la manera de ahuyentar a la hoja era comprarme unas bailarinas imitación de Roger Vivier en azul klein. Bastante absurdo.

Así que cuando después de una conversación acalorada, me vuelvo a concentrar en mi ordenador para descubrir que éste está haciendo lo que le da la gana, no me ha extrañado demasiado. De repente un icono raro como de conexión a otro ordenador andaba en la barra de mi escritorio, el ratón no respondía, el teclado tampoco… el miedo se ha apoderado de mí y he apagado el ordenador a lo burro. Cuando he vuelto a encender el ratón seguía sin funcionar. Una y otra vez volví a reiniciar y el ordenador no furrulaba. Llamé al informático que debe estar pasándoselo genial donde quiera que esté porque no me ha devuelto la llamada todavía a pesar de mi angustioso mensaje en su buzón de voz advirtiéndole de lo desesperada que estaba porque mi mouse no funcionaba. Sí, sí, mi mouse. No sé qué neurona de mi cerebrito ha debido morir hoy para que haya dicho mouse en vez de ratón.

En un intento por seguir trabajando y recuperar al ordenador, he enchufado un ratón externo (antes estaba con el integrado del portátil). Y, voilá, misterios de la ciencia, después de cinco minutos funcionando con el ratón externo, el interno ha decidido volver a la vida. Por fin puedo volver a trabajar.

Pero no consigo ahuyentar de mi mente el miedo a que me hayan hackeado el ordenador y que haya alguien al otro lado dispuesto a robarme mis contraseñas en cuanto me descuide y me meta en mi banco on-line o a comprar cualquier chorrada en ww.asos.com o similar. Tengo que hablar con el informático YA.

Espero que esta tarde no me depare ninguna sorpresa más y que esto haya sido lo único que auguraba el sueño de la hoja perseguidora.