
Adoro:
La paella
El gazpacho
Bañarme en la piscina, en una playa limpia
Llevar la ventanilla bajada en el coche cuando es primavera
Los ríos con verdes orillas
Los boquerones en vinagre
Los chanquetes – aunque estén prohibidos -
Respirar profundo
El sol
La vida
Los abrigos
Beber un buen mojito
Los castillos de arena
Andar descalza
Ducharme
Las hojas verdes
Las flores blancas
El cielo
Detesto:
El queso azul
El mal olor
Encontrarme mal
La falta de tiempo
El egoísmo
La gente que no es sincera consigo misma
El miedo
Las pesadillas
Que todo pase tan rápido
La gente vaga que primero pregunta y nunca piensa
Y sobre todo detesto a la gente que piensa que por llevar un bolso IT son fashionistas, que por llevar una tendencia, van vestidas bien, que por comprar el VOGUE pueden opinar sobre moda (qué bien lo ha expresado Ana Ureña en este post). Por dios, cuánto mal ha hecho la “democratización de la moda” y que “la moda esté de moda”. Señores, Señoras, hay que destilar estilo antes de empezar a leerse el VOGUE. No por leer el VOGUE se va a tener estilo.
Por tanto, para quien quiera ir a la moda en plan bien, que primero se empape de belleza atemporal, que empiece por los básicos y luego vaya añadiendo discretamente elementos. Porque un exceso de tendencias en una misma persona resulta abrumador – hay que dejar sitio y espacio para encajar el impacto-, no se puede aturullar la mente del visionante con tanta información porque entonces pareces una cacharrería y la moda tu elefante particular. Hay que fijarse en las pasarelas. Los diseñadores destacan algo, no lo mezclan todo como si la vida se acabara mañana y tuviéramos que estrenar las cien prendas que nos compramos ayer. Eso sí, si lo que te gusta es esa imagen excesiva, entonces genial. Todo el mundo tiene que ir como de verdad le gusta y esté a gusto. Lo malo es cuando uno fuerza un estilismo buscando un fin concreto del que al final no se reconoce la esencia.
La paella
El gazpacho
Bañarme en la piscina, en una playa limpia
Llevar la ventanilla bajada en el coche cuando es primavera
Los ríos con verdes orillas
Los boquerones en vinagre
Los chanquetes – aunque estén prohibidos -
Respirar profundo
El sol
La vida
Los abrigos
Beber un buen mojito
Los castillos de arena
Andar descalza
Ducharme
Las hojas verdes
Las flores blancas
El cielo
Detesto:
El queso azul
El mal olor
Encontrarme mal
La falta de tiempo
El egoísmo
La gente que no es sincera consigo misma
El miedo
Las pesadillas
Que todo pase tan rápido
La gente vaga que primero pregunta y nunca piensa
Y sobre todo detesto a la gente que piensa que por llevar un bolso IT son fashionistas, que por llevar una tendencia, van vestidas bien, que por comprar el VOGUE pueden opinar sobre moda (qué bien lo ha expresado Ana Ureña en este post). Por dios, cuánto mal ha hecho la “democratización de la moda” y que “la moda esté de moda”. Señores, Señoras, hay que destilar estilo antes de empezar a leerse el VOGUE. No por leer el VOGUE se va a tener estilo.
Por tanto, para quien quiera ir a la moda en plan bien, que primero se empape de belleza atemporal, que empiece por los básicos y luego vaya añadiendo discretamente elementos. Porque un exceso de tendencias en una misma persona resulta abrumador – hay que dejar sitio y espacio para encajar el impacto-, no se puede aturullar la mente del visionante con tanta información porque entonces pareces una cacharrería y la moda tu elefante particular. Hay que fijarse en las pasarelas. Los diseñadores destacan algo, no lo mezclan todo como si la vida se acabara mañana y tuviéramos que estrenar las cien prendas que nos compramos ayer. Eso sí, si lo que te gusta es esa imagen excesiva, entonces genial. Todo el mundo tiene que ir como de verdad le gusta y esté a gusto. Lo malo es cuando uno fuerza un estilismo buscando un fin concreto del que al final no se reconoce la esencia.