4.5.07

La infelicidad motorizada







Estoy convencida de que una de las razones fundamentales de la infelicidad en Madrid es el tener que coger el coche todos los días. Cuando no vivía en el centro de Madrid y tenía que coger el coche para moverme a casi cualquier sitio era incapaz de desprenderme de mi apéndice motorizado incluso para ir a la vuelta de la esquina. Andar era un ejercicio inútil e innecesario. Luego me fui a vivir al centro de Madrid y tuve que abandonar el coche por razones prácticas ya que no se podía aparcar en ningún lado y había muchos atascos. Al principio me costó acostumbrarme al metro y al autobús pero enseguida me olvidé del coche. Empecé a andar cada día más y a disfrutar del tiempo muerto que te ofrece el transporte público, sobre todo leyendo. Cuando decidí cambiarme de casa lo hice aún sabiendo que tenía que renunciar al transporte público por estar ésta muy mal comunicada con mi trabajo. Afortunadamente, al ser todo el centro de Madrid de aparcamiento controlado, ya no hay atascos (por lo menos por donde voy yo) y el tráfico es mucho más fluido Pero ahora tengo que renunciar a leer o a jugar a la Nintendo DS para centrar todos mis sentidos en conducir, insultar al que no me deja pasar, ser insultada por el tonto de turno, sufrir a los taxistas que les encanta ir por dos carriles, aguantar a los motoristas que te adelantan por un huequín enano cuando hay un poco de tráfico pero cuando no hay coches se ponen justo delante de ti para que no puedas adelantarles, tolerar a los peatones que se empeñan en cruzar cuando está en rojo, soportar las esperas detrás de los autobuses que efectúan su parada, llorar cuando no encuentro aparcamiento rápidamente y darme cuenta de nuevo de que la fila que escojo SIEMPRE es la más lenta.

Mientras estoy en el coche he de reconocer que soy completamente infeliz, la envidia me corroe al ver las caras de acelgas de los ocupantes de los autobuses, sus ojos perdidos en la lejanía. Menos mal que en cuanto llego a mi destino y cierro la puerta del coche, el mundo vuelve a sonreírme, el cielo vuelve a ser azul, me alegro muchísimo de que mi casa nueva sea tan genial y se me olvida lo horriblemente horrible que es conducir en Madrid.

6 comments:

mareGa said...

El coche, una bendicion a veces, y un dolor de muelas al otro.

eduardian_guy said...

Así somos los humanos, cuando tenemos algo deseamos lo otro, cuando conseguimos "lo otro", pensamos que lo anterior era mejor.

puga said...

Yo intenté ir en transporte público a mi trabajo antiguo una vez.

Si vives y trabajas dentro de Madrid no necesitas el coche pero si tienes que elegir como es mi caso entre 30 minutos de atasco (en tu coche, que huele a ti, con la música o radio que quieres o con el silencio que necesitas) o 1 hora y 30 minutos de transporte público en el que te cueces en invierno, te congelas en verano, te tienes que pegar para encontrar sitio en hora punta, oír a los de alrededor y en algunos casos olerlos... que vivan los atascos, taxistas, motoristas y peatones con instintos suicidas!!!

patri said...

utilizando un slogan que hay aquí. "mejor en guagua"....je, je..aquí llamamos guagua a los autobuses, cosa que me recuerda que en Gran Vía, Plaza España había una cafeteria con la palabra guagua..no sé si sigue existiendo. Un beso.

Jackie O. said...

Hablas mucho del coche. ya es el segundo blog por lo menos en el que hablas de él. para mí, no existe el concepto el perder el tiempo en el coche. al revés, creo que es una oportunidad exacta al que vive el que va en metro.

Vale, no puedes leer un buen libro al volante, pero puedes escuchar música, las noticias o, lo que hace mi padre, lecciones de francés con un CD.

Moi said...

JaJa, muy bueno todo.

Patri, la próxima vez que vaya a Gran Vía miraré.

Jackie, es que con el coche tengo una relación amor-odio un tanto peculiar...

Besoos