9.5.07

La peluquería


Odio la peluquería. No me gusta el ambiente de las peluquerías, la confianza que se genera entre las clientas y las peluqueras, los chismes volando de un lado a otro, las revistas del corazón arrugadas, destrozadas, miradas y remiradas, los antiestéticos rulos campando a sus anchas por miles de cabecitas limpitas y mi cara de cague pensando que el resultado va a ser horrible hasta que consigo ver el resultado final y logro respirar.

Un detalle que me ha hecho recorrerme bastantes peluquerías y no confiar absolutamente en ninguna peluquera ha sido que me corten más de lo que me han dicho que me van a cortar, que el corte sea más exagerado de lo que me habían dicho y que se empeñen en hacerme una cosa, que como bien sabía yo, no me iba a gustar.

Después de recorrerme un montón de peluquerías de Madrid – al contrario que todas mis amigas que llevan yendo a la misma años y años y años – por fin encontré a una peluquera genial, que me entiende, que sigue al pie de la letra mis instrucciones a pesar de tener ella razón en alguna que otra ocasión pero también insistente cuando sabe que tiene que insistir. Pero el precio de haber encontrado a mi peluquera perfecta es demasiado alto: pagar entre cuatro y ocho veces más que en otras peluquerías. Pero no me importa, ella corta el pelo tan bien que merece la pena. Además, puedo estar un montón de tiempo sin volver a la peluquería ya que los buenos cortes sobreviven en buen estado mucho más tiempo que los malos. La única pega es que no cogen hora y un día que me pillaron despistada y que María Jesús no estaba me convencieron para que me cortara el pelo otra… qué desastre… Primera y última vez, claro. Si voy y no está Maria Jesús disponible, mejor volverme a casa sin que me hayan cortado.

Pero aún habiéndola encontrado me cuesta mucho pasar por allí. Desde que tomo la decisión de que tengo que volver a cortarme el pelo hasta que voy otra vez a la peluquería acaba pasando demasiado tiempo. Sólo de imaginarme a todas esas mujeres metidas en sus secadores, cotilleando y manoseando esas revistillas me da una pereza horrorosa. Y de repente un día mi pelo me dice: “¡¡¡Ya no puedo más!!! ¡Plántate de una vez allí porque necesito una renovación completa!”. Y yo obedezco. Vaaaaaleeeeeeee, esta semana voy sin faltaaaaaaaaaaaaaaaaaa.

4 comments:

myriam said...

al final vas a hacerlo???pense q lo ibas a dejar para mas adelante, siempre luces bella, asi q maria jesus te dejara muy mona

myriam said...

miento!!!!me acabo de acordar de ese fleqillo unido a un tinte pelirojo...........

stg said...

pues a mí me encanta. y eso que ahora ni lo necesito. además soy un cliente con solera, doce años ya.
pero es que me encanta ir, es una media hora estupenda: desconecto de todo mientras que estoy allí y al salir me siento guapo. joder, si es que no me importa pagar, lo prometo.

Moi said...

Eres mala, Myriam... muy malaaaa. Las fuerzas cósmicas hicieron que el cambio no fuera posible tal y como yo lo había planeado. Pero no fue Maria Jesús. Ella me habría avisado.

Todavía no sé lo que voy a hacerme pero allá vooooy, en media horita!!!

Stg, eso de que no lo necesitas... Eres un poco exagerado. Pero qué envidia que te guste tanto. Yo me paso todo el rato (que en mi caso es mínimo una hora) en tensión.