11.6.07

Libertad


El ángel de la muerte se acerca. Le oigo, desde lejos, esos pasos, zancadas más bien, su voz fuerte e iracunda, como siempre, el mundo se agacha, se esconde detrás de las pantallas del ordenador, debajo de las mesas, en los baños, en las casas, en la panadería de la esquina. Todo para evitar ser descubiertos, ser ese día objeto de la ira del ángel de la muerte, esa que te azota, que le hace a tus pies despegarse del suelo y desear que no pueda ocurrir más. Y si no te toca a ti, tampoco va bien. No vale que ese día le toque a otro para calmar la angustia. El sentido de justicia me hace desear gritar, rebelarme, decirle al ángel que no le tengo miedo, gritarle que si viene, que venga sólo a llevarme, no a asustarnos, que estamos hartos, todos en el mundo, en este pequeño mundo, de sufrir pensando en él. Pero mis palabras nunca salen, se quedan atrapadas en la garganta, apretujadas. Y queman, me abren el esófago, se expanden por el cuerpo, me arde el estómago, los riñones, el páncreas. Los pies se me derriten, las manos se petrifican, y de nuevo me veo a mí mismo, muerto de miedo, indigno, incapaz de luchar por lo que creo que es justo, todo por miedo a perderme a mí mismo, todos somos cobardes, incapaces de defendernos, de imponernos. Somos más. Pero el ángel puede acabar con todos nosotros, ya tendrá otros a los que amedrentar. No somos imprescindibles. Y luchar por luchar si no vamos a ser nosotros los que disfrutemos de la libertad, de poder decir y hacer, no nos compensa. ¿Qué hubiera pasado si nuestros antepasados hubieran pensado lo mismo? ¿Si Europa no hubiera luchado contra el nazismo? ¿Si el movimiento obrero nunca se hubiera dado por el miedo a no comer, a no tener cierta seguridad? El mundo se hubiera estancado. Ahora nosotros no disfrutaríamos de esta semi-libertad y estos derechos que nos han sido regalados por quienes sí fueron capaces de luchar arriesgando su vida y su dolor. Si no hubiera sido por ellos, el mundo sería ahora oscuro, completamente dominado por todos los ángeles de la muerte, impertérritos, todos inundando cada recodo de nuestra sociedad. Y aún así, sabiendo esto, no tenemos los santos cojones para alzarnos y luchar contra todo aquello que nos intenta arrebatar nuestra dignidad y la de nuestros hijos, no somos capaces de arriesgar nuestra vida, nuestra pacífica y un poco mísera vida, para conseguir un mundo más perfecto para los que queden.

2 comments:

puga said...

Que miedito...!!!

Me ha dado sustito tu post.

Moi said...

JaJa. Sí, la verdad es que es un poquito tétrico.