17.1.07

Escuchar


Nos ocurre a veces a todos que oímos pero no escuchamos. Y la persona que quiere que la escuches tiene dos opciones. Una de ellas es insistir hasta la saciedad, algo demasiado cansino. Y la segunda opción es que a la primera o a la segunda renuncie. Normal. Yo también suelo acabar renunciando cuando soy yo la que me intento comunicar. Sobre todo cuando la persona que quieres que te escuche se toma lo que le dices como una afrenta personal. Normal también. Porque cuando alguien se empeña en que escuchemos algo que no queremos escuchar suele ser porque no tenemos razón. Y todos, absolutamente todos, como buenos ignorantes, idiotas, imbéciles (siempre con i todos los insultos que suenan mejor) al negarnos a escuchar hemos cerrado la puerta del crecimiento personal, de entender nuevos puntos de vista, de si no cambiar de opinión, intentar ver algo desde el lugar del otro, hablar, comunicarnos, conocer otras mentes que no sean las nuestras, en definitiva todo aquello que pueda enriquecernos, hacernos más listos, más inteligentes, más sabios, más interesantes y mejores personas. Y todo por ser orgullosos, por no querer aceptar que nos podemos equivocar.

Es triste cuando ves que esto le ocurre al que tienes enfrente y eres el que intenta hablar o un simple espectador. Pero más triste es cuando eres el que no quieres escuchar. Porque ahí ni siquiera eres consciente de que eres un idiota que no se está enterando de nada (suponiendo que el que tienes enfrente tiene razón) y que está perdiendo una gran, o pequeña, nunca se sabe, oportunidad de crecer espiritualmente.

Y me molesta mucho muchísimo pensar que seguro que varias veces me habré encontrado en esa situación de negarme a escuchar algo y ni siquiera me he dado cuenta, ni entonces ni ahora. Tengo que escuchar más. No vaya a ser que me pierda algo que no quiero perderme.

6 comments:

puga said...

Mmmmmm...

Cuanta razón tienes en lo que dices, aún así me gustaría matizar algo. Muchas veces cuando se produce una de esas situaciones que has descrito y eres el que no quiere escuchar pasa una cosa que oír si oyes, y si aquello que no quieres escuchar viene de alguien a quien realmente aprecias y que sabes que te quiere, suele hacer mella.

En mi caso mi cerebro y mi corazón se dividen y dos a dos se pelean, una parte odia a esa persona cruel e inmunda que quiere hacerte daño y ser mala contigo y las otras dos mitades te dicen que igual te lo dice por algo, que quizás tenga razón, porque alguien que te quiere no va a hacerte daño de forma gratuita, a lo que las otras dos mitades le contestan que seguro que está equivocado porque hay algún motivo oculto que le impide ver con claridad y entender como te sientes o tus motivos para insistir en el que tu no crees que sea un error.

Con todo este rollo a lo que quiero llegar es que no siempre esas discusiones son en vano, que a veces aunque no lleguemos a reconocerlo nunca, las palabras oídas terminan siendo asimiladas.

Moi said...

Sí, en eso tienes razón, a veces no lo reconocemos pero sí nos hacen replantearnos algunas cosas.

Pero lo que me ha inspirado más al escribir esto ha sido pensar en las discusiones sobre política, religión, la delgadez de las modelos, el trabajo ideal, el hambre en el mundo... en fin, cualquier cosa que no sea personal. Muchas veces ahí nos ofuscamos queriendo tener razón y no escuchamos. Y demasiadas veces nos acaloramos (yo la primera) y nos ponemos nerviosos defendiendo nuestro punto de vista cuando sólo es un intercambio de opiniones muy enriquecedor. A veces estamos equivocados y a veces simplemente estaría bien que miráramos un poco más allá para entender mejor y saber más cosas.

puga said...

Yo lo había enfocado por el lado personal pero desde este otro punto de vista sigo estando de acuerdo contigo.

Moi said...

Más monas y más guapas nosotras...

tiri said...

No se que decir,porque ya habeis dicho todo...ole!!
Besos

Moi said...

Más guapa tú también...