7.2.07

Los taxistas


En mi no tan larga relación con los taxistas me los he encontrado de muchas clases, la mayoría silenciosos y fieles seguidores del Sr. Herrera pero también parlanchines y agradables y sólo un par de ellos imposibles: ambos unos prepotentes estúpidos, uno de ellos además machista que me quería llevar al trabajo desde casa por la calle de los colegios a la hora en la que entran los niños a clase y todas las madres desocupadas o con horarios flexibles creen que el coche se puede dejar en tercera fila con tal de no tener que andar por la calle de la mano de sus pequeñas réplicas. El otro fue otro prepotente, éste no creo que fuera machista, que me llevó por el camino más largo. Ese día decidí que siempre que estuviera en Madrid le diría al taxista el camino por el que ir. Por esta razón choqué con el primer taxista, porque quería llevarme por donde a él le daba la gana. Aunque hubiera querido pasar por Burgos para ir de Sol a Atocha, no era su problema.

Pero a pesar de ese par de incidentes defiendo a los taxistas de Madrid. No los cambiaría por los de Milán. En primer lugar porque los de Milán no saben conducir sin que te marees. Parece ser que su única preocupación es frenar y acelerar tanto como para gastar el depósito entero en cada carrera además de no entender que cuando uno rueda por una calzada antigua debe desacelerar en pro de la comodidad de los ocupantes del vehículo. Además les encanta que subas tú personalmente las cosas en el maletero. No hay un solo taxista de Madrid que no me haya subido las maletas/bolsas al maletero y en Milán sí he tenido que hacerlo personalmente por lo menos el treinta por ciento de las veces que he cogido un taxi llevando equipaje. Y además algunos de ellos intentan ligar asquerosamente dando palmaditas en el asiento de delante cuando ven que te tienes que sentar ahí ante mientras sonríen lascivamente como Alfredo Landa en su época dorada. Casi vomito. Además, como en Milán no tengo ni idea del camino a seguir cada día es una aventura. Nunca sabes si vas a tardar quince minutos o media hora, si va a costar diez euros o casi veinte. Pero el otro día me llevó un taxista milanés al aeropuerto superideal que hasta me subió las maletas al carrito. Ojala todos fueran así. Me pareció uno de los gestos más bonitos que había visto de gente desconocida en mucho tiempo. Me gustan esos gestos. Hacen que vuelvas a confiar en la bondad humana. Tendríamos que esforzarnos más por ser amables e intentar ayudar a la gente que no conocemos, aunque sea con un gracias, un buenos días (que alguien le diga al portero de mi oficina ya que es un estúpido, por favor – de verdad que he hecho mil intentos de normalizar los saludos pero si yo no digo nada antes, bajo ningún concepto, pase lo que pase, él no habla, hace como si no le viera– el otro día volví a subir las escaleras con mil cosas y de nuevo me ignoró – le habría tirado el portátil a la cabeza) o un gesto amable.

6 comments:

pandora said...

últimamente si te dan los buenos días es tan anormal, que te alegran el día al oírlo!!!!!!

puga said...

Yo lo del taxi no lo practico mucho pero lo del portero borde debe estar alcanzando nivel de epidemia como la gripe de este año, no conozco a uno solo que sea salao.

Robert Vandenbego said...

Si es que los taxis de Milan deberian de ser estilo Armani...jejeje.
Besos ;0)

Robert Vandenbego

Moi said...

Sí, sí, Pandora y Puga, es que es horrible.

Y también te doy la razón a ti Robert, si es que el estilo Armani...

patri said...

me ha hecho reir tú descripción...je..je... Buena tarde.

Moi said...

Gracias, Patri... Besoos