23.3.07

Cosas fundamentales


¿Se puede odiar la mermelada durante años y de repente probar una y no querer dejar de probarla? Se puede. Y la afortunada que acabó en mi paladar era la de frambuesa de “La vieja fábrica” (la del anuncio de “se ve la fruta en la mermelada, no en la foto”) y está que te mueres de buena. La recomiendo fervientemente.

También recomiendo la crema de cuerpo de Nivea reafirmante (la del tarro blanco con la tapa azul). Es absolutamente genial. En todos los aspectos. Deja la piel tersa, suave y firme. Y no te la deja grasienta.

Otra cosa fundamental en mi existencia es el mujol, el del tarro negro y la etiqueta marrón. Si además tenemos salmón ahumado, unos spaguettis, nata, un poco de vino y algo de cebolla podemos hacer un plato genial en diez minutos.

Creo que no podría vivir sin Zara y H&M. Tengo que reconocer que sin Mango podría, pero sin Zara y H&M mi vida no sería la misma. Todavía recuerdo aquella pre-adolescencia en la que lo máximo a lo que podías aspirar era Cacharel o Don Algodón. Menos mal que los Sres. Ortega, Hennes y Mauritz nacieron y crecieron. Por cierto, tengo un par de amigas que insisten en no fiarse de mí y siguen no comprando las cosas en Zara y H&M a la primera para así pensárselo un par de días. MAL. Luego nunca queda cuando por fin vuelven a por la prenda en cuestión. Yo se lo aviso siempre pero no me hacen caso. Claro que luego vienen los llantos y los lamentos.

Los donuts bombón seguro que fueron inventados por alguien muy, muy listo que sabía que era imposible rechazarlos. Desde que los probé por primera vez por mi aparato digestivo no ha vuelto a pasar un fondant. Alguna vez me he llegado a comer cuatro seguidos. Es como comer cordero, nunca me harto. Puedo estar horas y horas y más horas despellejando un corderito (siempre junto a una ensalada de lechuga, tomate y cebolla, por supuesto). Por eso, cada vez que recuerdo aquella cena de navidad en la que el cordero que me tocó había pasado hambre prácticamente desde el vientre materno me sigo poniendo triste.

En mi armario es fundamental que todas las perchas estén mirando hacia dentro. Los zapatos pueden estar pisándose unos a otros y revueltos y desordenados pero las perchas tienen que estar todas en su sitio. Supongo que se deberá a algún tipo de trauma infantil del que no logro acordarme.

5 comments:

Irixjose said...

Jajajaja, lo de las perchas me ha dejado fuera de juego, ¡qué manía tan rara! Yo supongo que tendré mil, aunque no me entero, creo que porque para mí pasarán desapercibidas. Bueno, las que sí reconozco son las culinarias como por ejemplo, no comer ningún animal entero, es decir, una sardina, o una codorniz, si el animal cabe en un plato no pasa a mi estómago. Muaks.

Cool Boy said...

Pues debemos compartir trauma infantil, porque mis perchas tambien deben estar colocadas de la misma manera, jaja!!

Y tampoco podría vivir sin Zara y H&M, jaja!! Cuídate,

Besos ;)

Moi said...

Muy extraño también lo del animal entero...

JaJa, CoolBoy, ¡qué bueno que tengas la misma manía!

¡Besos a los dos!

puga said...

Yo he odiado toda la vida 3 cosas:

- Las alcachofas
- Los champiñones
- Y el bacalao

Un día volví a probar los chapiñones y ahora los como de cualquier forma, son un básico de mi alimentación, siempre hay champis en mi nevera.

Con 22 años ( se la edad y todo, mi padre me lo recuerda constantemente porque las odiaba taaanto..) comí en el Caballo Rojo en Córdoba unas deliciosas alcachofas fritas con salmorejo y desde entonces adoro las alcachofas.

El pobre bacalao por más que lo pruebo sigue pareciéndome asqueroso, soy incapaz de comerlo...

Moi said...

No sabía que el tema de las alcachofas lo habías superado. Yo todavía no.

Besosssssss