20.6.07

No si no es por mi camino

Teniendo en cuenta la relación de la gente con la acera, podemos decir que hay dos tipos de personas. El primer tipo es el compuesto por los que van por su camino pero si tienen a alguien enfrente en la misma línea que ellos, se apartan. Cuando las dos personas que están una enfrente de la otra son demasiado educadas y además están coordinadas acaban haciendo un baile estúpido y demasiado largo de pasos hacia la izquierda y hacia la derecha en plan espejo del de enfrente.

El segundo tipo, el cual afortunadamente no abunda, va siempre en su línea, se cruce quién se cruce, pase lo que pase. Este segundo tipo es peligroso porque insiste sin compasión y aún a riesgo de romperte la clavícula pero nunca había yo reparado en él hasta hace poco que de repente fui consciente no sé cómo de que existía. Porque con las lluvias sí que abunda este tipo de gente un poco más porque ninguno queremos mojarnos y porque a nadie nos apetece que en el puto puente de Juan Bravo nos cale cualquier coche pasando veloz por un megacharco de esos de mierda que se generan con cuatro gotas de nada. Pero este grupo del que yo hablo ahora no se mueve no porque haya riesgo para su integridad física, sino porque simplemente son unos cretinos maleducados enfilados en su línea de la que no se separan aunque tengan delante a la señora más anciana de España. Después de darme cuenta de la existencia de este pequeño grupo de cucarachas humanas decidí hacer un experimento: no moverme nunca de mi línea para comprobar hasta qué punto insistirían en su objetivo de no perder un microsegundo en echarse un poco hacia la derecha o hacia la izquierda. Y tengo que llegar a una conclusión desoladora: la mayoría de los que hacen esto son hombres de más de cuarenta años. No entiendo por qué. ¿Significa esto que los hombres son más maleducados? ¿O simplemente que la regla antiguamente era que las mujeres se quitaban del camino de los hombres? ¿Una de las consignas del párroco de hace treinta años era “Señoras, muévanse cuando vean a un hombre ir por su camino recto y erecto”? Pero el más grave enfrentamiento peatonal al que he llegado ha sido con una mujer que ocupaba toda la acera de Lagasca con sus dos amigas y que decidió que no se echaba ni hacia delante ni hacia detrás porque lo que era guay era que yo me estampara contra un árbol. Como yo no quería estamparme, y menos contra un pobre arbolito, me mantuve firme en mi posición en un ladito de la acera pero a pesar de todo ella no se giró ni un poco y me dio un golpe en el hombro (la mujer era un poco fortachona) que casi me tira al suelo. Por supuesto, a pesar de mi grito de sorpresa y de dolor, ni se dio la vuelta ni me pidió perdón sino que siguió de cháchara con sus amigas.

Algo habría que hacer con estas personas. Ponerles una multa de cien euros como mínimo. Porque no es justo que la gente vaya apartándose de su camino simplemente porque son idiotas. También podríamos rebelarnos todos los demás. A partir de ahora como Chanquete, “no nos moverán”. Al final todos chocándonos contra todos.

3 comments:

stg said...

¿esto va hoy sobre política, verdad?

Anonymous said...

Hay una clase todavía peor, que son los que cuando llueve y a pesar de llevar paraguas insisten en ir por debajo de los alféizares de los edificios, con lo que además de mojarte corres el riesgo de quedarte sin un ojo por culpa de sus paraguas. Te lo digo desde la experiencia de vivir en Vigo, donde a 21 de junio sigue lloviendo!!!
Di

Moi said...

Claramente tuve una visión de lo que iba a pasar ese día. Eres genial, STG.

¡Hola Di!, pues sí, la verdad es que esos ya lo tienen todo. Habría que quitarles el paraguas y obligarles a ir por en medio de la calle.