31.7.07

Esas conversaciones innecesarias

Cuando te encuentras con alguien que hace tiempo que no has visto y con el que nunca llegaste a tener una relación lo suficientemente “relación” como para que dé igual el tiempo que pase que puedes seguir teniendo una conversación normal, de persona a persona, y además te encuentras de frente, sin previo aviso, sin haberte dado cuenta, y ya es imposible hacerse el loco, la loca o lo que toque, llega una de esas conversaciones innecesarias e incómodas.

Los primeros tres minutos son fáciles: qué tal tu gente que yo conocía, qué tal mi gente que tú conocías. Tras las explicaciones oportunas en las que básicamente se habla de novios, maridos, hijos o trabajos exóticos (sólo se habló de trabajos si eran exóticos aunque a mi me hubieran interesado más los trabajos que los hijos ahora que lo pienso, no porque no dé importancia a los hijos, que se la doy, sino porque a los hijos no los conozco, me puede alegrar que la gente tenga hijos, así en abstracto, pero me resulta más interesante saber a qué se dedicó finalmente esa persona que veías que se podía comer el mundo, o esa otra más calladita sobre la que nunca llegaste ni siquiera a concluir si era inteligente o no), llega el famoso silencio incómodo que más que un silencio es un grito de la vida que te dice que el tiempo pasa, inexorable, que ya no eres la misma, que ya no es ella la misma, que las conversaciones tontas y el saber todo el mundo lo que hace todo el mundo se quedó encerrado en esa clase del colegio.

Me alegra encontrarme con gente que fue parte importante de mi vida durante tanto tiempo pero ahora que lo veo desde aquí me extraña ver cómo las circunstancias y la vida logran tanta división en lo que en su día era una unidad.

1 comment:

puga said...

Me tienes que contar quien era y si te contó algo chichoso de alguien, hace siglos que no me encuentro a nadie del colegio, por cierto las últimas 2 que vi tenían unos bombos...