26.7.07

El tiempo es relativo


H&M es una excepción en el tiempo. Por esa tienda no pasa el tiempo, aunque fuera el segundero sí siga su camino. Tú entras, miles de percheros se muestran ante ti, sabes que tienes que bucear, rastrear, encontrar, que una ojeada rápida no vale para nada, que cualquier prenda te puede sentar fenomenal o ser un envío del diablo, que nada se puede asegurar sin haber analizado antes concienzudamente el objeto en cuestión. El concepto no tiene nada que ver con Zara, donde ni siquiera tienes que ir a los probadores. Viendo la prenda en la percha, en la barra, sabes con muy poco margen de error si te quedará bien o si es un horror. En H&M los sentimientos hay que agudizarlos, hay que mirar detenidamente cada perchero, en muchas ocasiones sacar la prenda, examinarla, tocarla, mirarla por detrás, por delante, intentar imaginarla, llevársela al probador junto con otros miles de artículos con los que te ha pasado lo mismo, aguantar con una sonrisa la maléfica cara de la mujer-guarda-probadores que no te deja meter más de siete artículos en el probador y convencerla de que su día va a ser infinitamente mejor si te guarda todas aquellas prendas que pasen de las siete (que si nos hemos visto toda la tienda serán por lo menos otras siete) para que no tengas que dejar por ahí tirados todos tus hallazgos. Y entonces empieza el difícil camino de la selección. La mitad de las cosas son claramente un atentado contra tu dignidad, un par de ellas son un hallazgo genial y ya sabes que cada vez que te las pongas la sonrisa invadirá inmediatamente tu cara, y el resto… del resto una no sabe nunca qué pensar. Unas están bien, otras son parecidas, te llevarías todas si tuvieras dinero y armario de sobra, pero sabes que no debes. Intentas encontrar argumentos para elegir unas y descartar las otras pero siempre hay un pero, por lo menos un pero, a veces incluso dos. Al final, con la cabeza hecha un lío logras deshacerte de dos de ellas con el argumento de “esto me lo voy a poner dos veces” y sales del probador con muchas más cosas de las que sabes que debes llevarte. Le agradeces a la mujer-guarda-probadores su amabilidad y te pones en la cola de la caja dispuesta a hacer una criba perfecta antes de que llegue tu turno. En ese momento te das cuenta de que se te ha olvidado mirar la ropa interior. Hay veces que encuentras cosas maravillosas a precios muy buenos, dudas si abandonar la cola o no, intentas mirar de refilón, es imposible distinguir nada, tu mente se acuerda de la excesiva cantidad de ropa que se acumula en tus brazos, tus ojos lo comprueban, desistes de tu idea, coges una por una las prendas que no sabes qué hacer con ellas, las remiras, imaginas las posibles e infinitas combinaciones con el resto de tu armario, dejas lo que menos utilidad crees que te va a dar, en el último momento decides quedarte con una cosa más de las que habías planeado, cuando la dependienta te dice el total sientes que te falta el aire, pagas, intentas apaciguar tu sentimiento de culpa pensando en lo mucho que te has sacrificado dejando todo lo que has dejado, te dan las bolsas, miras la hora, te acuerdas del idiota del alcalde y los putos parquímetros, vas corriendo a por el coche rezando para que no te hayan puesto una multa, suspiras con alivio cuando ves que por lo menos tus compras no tendrán más consecuencias pecuniarias.

Dos meses más tarde te vas a vestir y te acuerdas de esa falda que abandonaste en la caja en H&M una tarde cualquiera de febrero y te regañas a ti misma por no habértela comprado. Es la falda perfecta para ESTE día y la abandonaste sin más.

3 comments:

Cool Boy said...

Es verdad, es verdad. Cuanta razon, yo cuando entro al H&m, nunca veo nada, doy una segunda vuelta encuentro cosillas apetecibles, y ya a la tercera ves lo que buscabas. Es increíble, pero de veras que pasa!

Un beso*

DIABLESSE said...

Acá el diablo tiene cosas buenas, incluídas h&m! Caerá todo el peso del mal si no abren una pronto en méxico!

Moi said...

Un H&M ya en México!

Besoos