9.7.07

La vida de cada uno


Nacer, crecer, reproducirnos, morir. En los normales y corrientes mortales, esto es lo único importante. ¿Qué más dará, dentro de cincuenta años, que lo hayamos pasado bien, mal, que hayamos follado bien, que fuéramos unos infelices, que ganáramos más o menos, que tuviéramos un BMW o un Twingo? Todo habrá dado igual. Lo único que quedará aquí será nuestra descendencia. Ellos serán más felices o menos, sobre todo, dependiendo de lo bien - o mal - que lo hayamos hecho. Nada más. Nuestra responsabilidad en esta vida es entonces ser capaz de transmitir felicidad a través de las generaciones. No es tontería si tenemos en cuenta que la felicidad general hace que este mundo sea mejor. Es como el anuncio ese de la radio cuya moraleja es que si estás bien follado, todo lo demás da igual. Si eres feliz trabajas mejor, rindes mejor, te relaciones mejor con el resto de la sociedad, eres incluso mejor persona. Pero la felicidad no se enseña, como todo lo demás que queremos que nuestros hijos aprendan, se ejemplifica. Hay que ser para enseñar ser. Así que el hecho de que seamos felices en esta vida sí tiene trascendencia. Pero ¿cuándo es uno feliz? ¿Cuando tiene amor, amigos, familia y un mínimo económico para subsistir por encima de lo que el mundo ha decidido que es “el umbral de la pobreza”? Porque no hace falta sentirse realizado en el trabajo, ¿no? Eso puntúa pero no cambia las cosas. O a lo mejor para algunos sí. Es posible que haya alguien a quien lo que le dé la felicidad sea sólo el trabajo. O puede que es que a esa persona no le hayan enseñado a ser feliz y sienta la necesidad compulsiva de trabajar sin parar y no sea capaz de disfrutar del tiempo libre. O puede que para nosotros, los cerrados de mente que consideramos el amor, la familia y los amigos imprescindibles, seamos incapaces de ver más allá y darnos cuenta de lo maravillosamente genial que puede ser vivir por y para el trabajo. Seguro que a más de un jefe le haría muy feliz que sólo fuéramos felices con el trabajo. Como en “Un mundo feliz”, que los de más baja clase sólo se encuentran bien haciendo su trabajo de simple obrerito. A ver quién le explica a algún que a otro jefe que en este mundo en el que vivimos lo de vivir plenamente es imprescindible para rendir bien y ser un buen ente productivo en esta sociedad. Y que lo entendiesen ya sería un milagro.

4 comments:

stg said...

que conste que el comentario lo escribo mientras escucho una canción triste de francoise hardy, pero menudo ejemplo que seremos algunos para nuestros hijos. aunque merece la pena intentarlo.
decidido, en cuanto tenga hijos tiraré toda la música lánguida.

Moi said...

Me río mucho con tu comentario, STG. No creo que tu languidez sea capaz jamás de eclipsar tu felicidad...

BalaNegra said...

Yo siempre digo que rendiría mejor en mi trabajo si me pusieran un aparcamiento para bicis, un gimnasio y unas duchitas...

Moi said...

Eso sería TAAAAN geniaaaal