2.1.07

Los tacones

Un grupo de amigos entra en una fiesta de la amiga de la novia de uno de ellos. Nada más entrar se les avisa de que hay que quitarse los zapatos para no molestar a los vecinos de abajo con el ruido de los tacones al andar y bailar (vecinos que no debían estar porque a eso de las seis de la mañana los saltos, gritos y cánticos eran indescriptibles y seguramente mucho más molestos que cien zapatos zapateando). No todos se los quitan. Entre ellos la novia de otro de los amigos. Eran unos zapatos plateados, con mucho tacón. Todos mirábamos los tacones con pavor, temiendo que en cualquier momento la mujer osada plantara uno de ellos encima de nuestros piececitos vulnerables. Pero ella no se daba por aludida. Estoy segura de que tuvo que notar tanta mirada asesina sobre sus zapatos. A partir de ayer cada vez que la veamos siempre vamos a pensar en ella como la mujer de los zapatos plateados de tacón que no quiso desprenderse de ellos en aras de la seguridad general. Pero eso sí, cuando se fue, se preocupó de buscar a la anfitriona y agradecerle dos veces en una conversación de tres frases la invitación a la fiesta y decirle lo fenomenal que se lo habían pasado. La anfitriona lo duda. Lo de que se lo hubiera pasado fenomenal. Dado que se había negado a quitarse los zapatos plateados de tacón fue continuamente observada en la hora que estuvo por allí y solo fue vista bebiendo y hablando con su novio y sus amigos en tranquila conversación al lado de la mesa de las bebidas. Sí, es cierto, la anfitriona ha sido demasiado crítica con ella. El hecho de que eso lo hubiera podido hacer igual en cualquier otro lugar no justifica el dudar de su palabra. Pero fue culpa suya. Si se hubiera quitado los zapatos todo el mundo la habría querido mucho y la anfitriona habría pensado que era educadísima.

(En realidad no sé si fue puntualmente informada sobre la conveniencia de quitarse los zapatos pero seguro que cincuenta pares de zapatos en la entrada de la casa le deberían haber dado alguna pista)

5 comments:

Moi said...

Me dice una amiga que la mujer de los zapatos plateados de tacón a lo mejor tenía un tomate en las medias. En ese caso la entiendo. Pero que no se hubiera puesto unas medias con tomates que luego te tienes que descalzar y pasa lo que pasa. Si es que mi madre tenía mucha razón cuando me decía que siempre hay que estar perfecta por dentro y por fuera.

myr said...

no te enteras, a lo mejor llevaba unos manolos como Carrie en sex and the city, y temia q alguien se los mangara ,ja,ja,ja..

Moi said...

Esa es muy buena opción. Pero si ella lo hubiera confesado la anfitriona se los habría guardado en la caja fuerte. ¡Eso sí que hubiera sido genial!. Le damos entonces el beneficio de la duda...

tiri said...

Jajaja!estais fatal!!no creo q fueran manolos, pienso que simplemente las medias, que tenian bordados,no "tomates",no queria q se le rompiesen...
Recuerdo el capitulo sex&the city,pero no recuerdo si en la fiesta les daba zapatillas....es una idea para prox año!!o calcetines xa todos!!aunque tb eso es caro para la anfitriona....y los invitados ir con unos en el bolso....Y la lavadora el dia siguiente,si deja calcetines para todos....menudo coñazo el tenderla!!soñariamos cn calcetines!y mas calcetines!!Tenemos un año para pensar la solucion!!!!No tacones para el vecino,no rotura de medias,no frio...y si ya ideamos algo que encima limpie-abrillante suelo de ls dueños de la casa....TODO BIEN!

Moi said...

Grandes ideas las tuyas. Yo cre que lo mejor es darle a cada invitado una bayeta para cada pie y a limpiar bailando (!!!). Qué ida de olla la nuestra...