3.1.07

Volver al trabajo


Después de las forzadas vacaciones de Navidad llega la calma etílica. El cuerpo necesita un descanso de tanto vino, champagne y copa ya que no es capaz de aguantar el tirón mucho más. Ya el treinta y uno por la mañana el estómago se daba la vuelta, los ojos evitaban mirar las botellas y a la boca no le sabía bien el primer reguero del día, las cañas del aperitivo. Pero el treinta y uno hay que beber. Salvo causa de fuerza mayor como por ejemplo ser diabético. Toquemos madera para que eso no nos pase nunca.

Y entonces llega el día uno de enero y por fin el descanso (tengo amigos que continuaron - no imagino cómo) y una puede pasarse el día tirada en el sofá intentando no recordar mucho de la noche anterior. Incluso me alegro de que la jornada laboral empiece otra vez al día siguiente ya que así por fin los excesos terminan y el cuerpo puede recuperarse. Pero al día siguiente suena el despertador y ya no me alegro tanto de que la rutina haya vuelto a instalarse en mi vida. Es entonces cuando me arrepiento de haber dormido hasta tarde el uno, de haber dormido también una pequeña siesta y de haberme quedado hasta tarde viendo CSI pensando, ilusa de mí, que a pesar de todo me despertaré descansada. Y entonces, con ese horrible sonido, me acuerdo de ese sueño que casi todos tenemos en el que ganamos la lotería. Aunque siguiera trabajando (no todos queremos convertirnos en unos ociosos – reconozco que es posible que estemos tarados), ya no sería tan tedioso, sobre todo los lunes, porque iría por gusto al trabajo e incluso podría tener un súpercurro en el que entrar a las diez y salir a las dos. Sólo por el entretenimiento. O montar una empresa. O varias. O una fundación. O viajar. O lo que fuera, pero que no fuera obligatorio. Y entonces despertarse sería más fácil y más divertido. Porque por mucho que a uno le guste su trabajo si es obligatorio no es tan fenomenal como si lo hicieras simplemente por gusto. Lo de trabajar por gusto debe ser un planazo. Ojala pudiéramos trabajar siempre así, sin sentirnos obligados, simplemente libres, sin sentir esa presión de tener que pagar casa, comida, luz, teléfono, agua, seguros… Sería una gozada ir por la calle por la mañana. Todo el mundo iría sonriendo y feliz en vez de con cara de acelga y deseando estar en otro sitio.

6 comments:

tiri said...

Si,recuperarse d los excesos de las fiestas...es duro!!!aun queda otro fin de semana cargado de comidas,cenas,copas....Pero si,comparto tu odio a esos lunes...y el sueño cdo suena el despertador!!!

Anonymous said...

TRABAJO???? je..je..que gozada leer tú último parrafo. Te añado a links. Un abrazo. Feliz Año, no sabía que tenias otro blog, Moi. Mua.

Moi said...

Despertador malo.

Gracias, Patri. Este otro blog es sustitivo del de Alejandra porque ya terminó la historia y el otro sólo era para la historia de Alejandra. Y es que al final me he enganchado a esto de escribir.

Besos, besos.

Anonymous said...

Bueno, a ver si te reucepras de los excesos navideños y te dedicas al blog y así podemos leer tus estupendos artículos...besazos!

Anonymous said...

Te entiendo. Lo peor de todo es que mi cuerpo es adicto a la fiesta y los excesos y me pide más y más y más...
Saludos.

Moi said...

Gracias, Holly, tú siempre tan ideal. ¡Besos!

Pues más fiesta entonces, George. Mientras el cuerpo aguante... ¡Ya estamos a jueves!