18.2.07

La vejez


Había una pareja de cuadros en casa de mi abuela que siempre me impresionó muchísimo. En uno aparecía una mujer joven, desnuda, en posición sensual, en tonos ocre. El otro era en tonos grises y era la misma mujer con muchos más años, con cara cadavérica y sentada en una silla de ruedas. Desde pequeña me ha impactado esta dualidad. Y después de un tiempo sin preocuparme mucho por la vejez, vuelven a asaltarme pensamientos sobre lo poco que me apetece ir madurando y que las arrugas y el mal funcionamiento se vayan instalando en mi cuerpo y en mi cara. Una de las cosas que más me horripila es no saber asumir la edad de uno. De momento puedo seguir jugando con la moda y atreverme con locuras que dentro de unos años me parecerán poco adecuadas para mi futura edad. O eso espero, que me parezcan inadecuadas y deje de hacerlas porque aunque lo más importante es que uno esté a gusto, me parece terriblemente patético ver a mujeres que ya no tienen edad con ciertos atuendos más propios de una niña de veinte años. Porque una con cualquier edad se puede vestir fenomenal, con elegancia y con clase, incluso queriendo ir rara, estrafalaria o diferente, pero también es muy fácil cruzar esa delgada línea del buen gusto y que la gente se extrañe al mirarte. No quiero ser una de esas mujeres mayores que la gente mira de reojo. Ni tampoco quiero ser una de esas que van con tirantes mostrando su piel irremediablemente estropeada. ¿Soy una carca mental?

Y mientras pienso en cómo conseguir que mi vejez sea lo más digna posible, el tiempo va causando sus estragos y poco a poco voy acercándome al momento de la inexistencia material. Y aunque sea imposible parar el tiempo y racionalmente sea capaz de asumir que cada etapa de la vida tiene su momento y que tan inherente a la vida es el nacimiento como lo es la muerte, soy incapaz de verlo con naturalidad. No puedo evitar querer que las arrugas se olviden de mí y que mis órganos vitales no se me vayan estropeando con el tiempo. ¿Para cuándo “Un mundo feliz” en el que la vejez no exista? Por lo menos nos ahorraríamos uno de los tragos. Sé que a la muerte no podemos renunciar por un simple problema de espacio. Pero a la vejez sí que podemos saltárnosla. ¿O no? No poder distinguir si ese hombre que te parece genial tiene ochenta o treinta tiene que traerte problemas, ¿no? Pero bueno, también nos trae problemas el que miente sobre su salud y no te cuenta que tiene una enfermedad incurable y contagiosa.

2 comments:

puga said...

Me resulta curiosa tu reflexión de hoy. Quizás porque yo no tengo ningún miedo a envejecer, me encantan las arrugas, las canas e incluso los cuerpos desfondados. Creo que es ley de vida y que cada etapa de la misma tiene su encanto.

Está claro que otro tema muy distinto es una enfermedad que te haga no estar en plenas condiciones físicas y/o mentales.

En cuanto al tema del look, a mí en concreto no me preocupa en exceso porque mi cuerpo no me acompaña mucho, si ahora a mis 30 años me vistiese como van las niñas de 20 la gente se daría la vuelta por la calle, así que espero no perder el norte con el paso de los años.

Moi said...

Tienes suerte de que no te genere incomodidad. Así no tienes que pasar por la fase de aceptación.

Y el tema de la moda, sí, tienes razón, para algunos es importante y para otros nada.

Besoos